La yuca de consumo humano o animal es Manihot esculenta, dulce y sin venenosos compuestos cianógenos (excepto en su cáscara), un arbusto de hasta dos metros de altura que se cultiva por sus raíces comestibles.
Crece bien en esta isla, soporta largos periodos de sequía, exige poca humedad, no es propensa a enfermedades y debido a su poco tamaño y escaso follaje resiste bien los vientos fuertes.
En la culinaria cubana tiene un rol apreciable entre las viandas y se consume cocida, frita o asada –como casabe–; es componente esencial en la yuca rellena, sopas, potajes y caldosas.
Al sembrarla, sus esquejes o estacas (trozos de tallo de unos 20 centímetros cada uno) se plantan de tres formas: acostado al fondo del surco, inclinado o vertical. Así se logra que puedan cosecharse en momentos diferentes: a corto, mediano o largo plazo.
La yuca para casabe no es la dulce, de consumo habitual en las recetas actuales, sino la amarga, cargada de cianuro, muy venenosa, pero que da el mejor Pan de los Indios, frecuente –desde los primeros tiempos– a bordo de las carabelas que iniciaban los viajes exploratorios de la etapa colonial.

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