Llega minutos antes de que se produzca la próxima salida de la guagua o el camello, y dice: “!Vamos a organizarnos!” Y la aglomeración de público, que momentos antes parecía no tener cabeza ni término… comienza a perfilarse en orden, cada uno “detrás de quien va”.

Víctor Ferrer Vera sustituye con largueza y por sí solo a los cepos de hierro que antes, allá por los años 80 y hasta fecha no tan lejana, intentaban encauzar la subida de pasajeros a los ómnibus. Habitual “molotera” que, en no pocas ocasiones, requería inclusive el apoyo e imposición del orden por varios policías.
“Nací aquí, soy pinero, aunque me crié en Candelaria, que antes pertenecía a Pinar del Río. Tengo cuatro hijos y una parejita de nietos que son… lo más hermoso que tengo”.
Víctor se caracteriza por no alzar la voz, ni gritar y ser siempre respetuoso y comedido como compete a quien fuera adiestrado, por tres años, en un deporte de combate, el boxeo.
De sus 48 años, lleva 34 en Ómnibus Público, todo su expediente laboral.
“… antes estudiaba. Y con 12 años para 13 entré en la escuela taller, ahí opté por Mecánico Automotriz. Hice mis primeras prácticas en lo que antes era Carga por Camiones y en la Planta de Agregados, donde se rectificaban motores, cigüeñales, cajas y diferenciales. Y vine para Ómnibus Público, de práctica, me gustó… y me quedé, hasta el sol de hoy”.
Ahora está encargado de la organización y embarque de pasajeros, una tarea siempre engorrosa, que no todos se atreverían a acometer en el presente.
“¿Qué es lo mejor de esto? Cuando usted se respeta a sí mismo y tiene moral… inspira respeto; domina el mundo.
“Ttendrá sus amistades o conocidos, pero lo primero que debe poner como plato fuerte es el respeto de esas amistades a los demás pasajeros.
“Usted trata con todo tipo de población, pero cada uno lleva un trato diferente. No puede tratar igual a una persona malcriada, agresiva, que a un impedido físico, una embarazada o una mamita con niño. Tiene que ponerse en su misma posición, entender por lo que está pasando. Y respetarla.
“Alguno viene de un turno médico con resultados desfavorables, alguien salió de una operación y le dieron alta, pero no hay taxi disponible o no tiene fondo que le permita alquilar un carro para que lo lleve a su casa. Y viene, se me acerca… yo valoro su problema y la situación que tengo en la parada y hago lo posible por ayudarle. Muchas veces se resuelve sin dificultad, explicando a la gente, con buenas palaras, por qué tomé una u otra decisión.
“Y entienden. Saben que no es por amiguismo. Y que cualquiera de ellos, en situación similar, recibiría la misma ayuda. Esa es la base del prestigio. Lo que me ayuda a continuar y hacer mejor mi trabajo”.
