Cocodrilo-Jacksonville, donde siempre brama el mar

Los fundadores del actual poblado llegaron poco después de terminar la guerra contra España. Vinieron contratados como leñadores por míster Pearcy, dueño de aquellas tierras, a quien luego compraran algunos acres, apenas suficientes para desmontar una franja de monte, en la parte  más alta y comenzar a levantar sus casas sobre pilotes, a la usanza caimanera.

FOTO: Tomada de holiplus.com

El piso, sin falta, de madera.

Las paredes de mampostería rústica, a base de piedra caliza aglutinada con cal del coral orejón, abundante en la zona. Paredes recubiertas en su exterior por una armazón de tablas; o sea, una doble pared que las hace muy frescas en cualquier época y sobre todo, resistentes al embate de los huracanes.

Las ventanas, con bisagras por arriba, no por los costados, que le permiten abrirse en vuelo para dejar entrar toda la luz, pero con la posibilidad de bajarlas y lograr un cierre hermético desde adentro, capaz de resistir los vientos más fuertes.

Los techos, de zinc, a dos aguas y con canales para recoger hasta la última gota de lluvia porque allí el agua potable siempre fue escasa.

Y otro detalle previsor, la cocina aparte, fuera de la casa-vivienda; en construcción independiente para evitar incendios.

 

II

Cocodrilo… desde comienzos del siglo pasado Jacksonville (en honor a Atkin Jackson), quizás el único lugar de Cuba donde entonces se hablara inglés como lengua mayoritaria.

De aquellos tiempos, tal vez se conserve algún retrato que permita modelar los rasgos del viejo Atkin Jackson, quien los enraizara en aquel lugar. Si el artista logró reflejar la grandeza interior de este hombre, no dudo estaría en sus ojos de un azul profundo todavía buscando impávidos el mar.

III

Asentados en el antiguo Jacksonville, no quedan cinco hablantes del español casi ininteligible de los míticos fundadores. Los cocodrileños actuales conservan los bailes tradicionales caimaneros, sus comidas y dulces sazonados con leche de coco, sus leyendas, así como un conocimiento en detalle de todo el sur pinero y los accidentes de su costa.

El poblado más al sur de Cuba, Cocodrilo, se enriquece además con varias singularidades que lo hacen muy particular dentro de la tierra pinera.Allí se encuentran, por el monte costero y en estado silvestre, los marpacíficos más pequeños del mundo, con florecillas tan menudas como  huevos de palomas. Y por la zona de Caleta Grande, en la hojarasca debajo de las uvas caleta y en ciertas épocas del año abunda –como alfombra de color naranja– uno de los pocos hongos comestibles que tenemos en nuestro país, el Cantalups.

Un poco hacia el oeste, en hato Milián, se multiplican las abejas de la tierra que trajo El Camagüeyano (Antonio Gutiérrez), dueño (durante los últimos años de la etapa colonial) del corte de madera más grande en todo el sur. Las primeras abejas en llegar a tierra pinera. Sus torales ricos en una miel con mayores propiedades medicinales que la clásica miel de abejas tienen todavía gran demanda, sobre todo para las curaciones de cataratas y otras afecciones de la vista.

Más cerca del actual poblado, en Los Caguamitos, está uno de los mayores atractivos turísticos de esa zona: la cueva de Ben Gun, con entrada por mar y dos salidas en tierra. Referida en detalles por Robert Louis Stevenson como el escondrijo del esquivo personaje y su tesoro, tan buscado por John Silver, el pirata pata de palo con la cotorra al hombro.

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