Nueva zanahoria para el viejo garrote

El arresto alevoso del presidente Nicolás Maduro sentó un precedente. Ellos, los agresores, con iguales pretextos o similares, pueden atreverse de nuevo, también contra nuestra patria.

Ilustración: Tomada del sitio Web Cubadebate/ Osval

¿Y qué pasó a nivel internacional? Nada, excepto “enérgicas” protestas diplomáticas. Todo el mundo como espectador de los acontecimientos, y quizás un poco poniendo sus propias bardas en remojo.

“No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte” anticipó el Che, hace más de 50 años.

Y de los capaces de arriesgarse a correr la misma suerte… no hemos visto nada. Queda, sí, la experiencia. Nosotros, los cubanos, debemos, y para eso nos hemos preparado durante toda una vida, ser capaces de afrontar el peligro por nosotros mismos, sabiendo que en el mejor de los casos recibiremos el apoyo de “decididas” protestas diplomáticas, pero nada más.

Y esa soledad fortalece. Lo dijo Fidel al organizar la Guerra de Todo el Pueblo. En la práctica, como frente a los embates de los huracanes y otros cataclismos de la naturaleza, nos hemos acostumbrado a crecernos, a estar solos, anticipándonos al peligro y disponiendo apenas de los medios y recursos a nuestro alcance, por escasos que sean.

Ahora, en días pasados recibimos la visita del espía jefe, el director de la Cia. Una visita, hasta para el cubano menos letrado, de tanteo. No para tender puentes solidarios y en tópicos claves.

Y como los gringos atacan siempre con alevosía (mientras distraen con una mano, golpean con la otra) acá nos preparamos para una incursión inminente. Y se cursaron instrucciones a toda la población de qué hacer y cómo hacerlo para enfrentar la primera semana de contienda armada.

No nos dejamos arrullar por el ronroneo del visitante.

Ahora, esos mismos cantores de nanas oficializaron una imputación personal a nuestro general de ejército Raúl Castro Ruz. Han creado la base “legal” para repetir el caso Venezuela. Es su garrote de máxima presión. Pero acá, no les espera un paseo. Hace más de 60 años que se les espera, cada noche y cada día, a toda hora.

En la otra punta de la vara, quienes así nos amenazan, agitan la zanahoria de una donación al pueblo cubano de… 100 millones de dólares. La condicionaron a ser entregada por la iglesia católica, esperando que Cuba se negara por orgullo, pero no fue así. El gobierno cubano no puso reparo alguno a que llegue por esa vía.

Al respecto, varias cosas deben tomarse en cuenta. Esa cifra es menos de la mitad de lo que cuesta la fabricación de uno de sus tan cacareados aviones de ataque sigiloso. Y a lo aportado por los ciudadanos de ese país al pagar sus impuestos –y que va a esta donación– corresponde menos de 50 centavos de dólar per cápita. Un desembolso verdaderamente… ¡colosal! Por lo irrisorio.

Y si dividiéramos esos 100 millones entre unos 10 millones de cubanos, lo que corresponderá a cada uno no alcanza ni para comprar un cartón de huevos a los precios actuales, a los que nos ha llevado su desalmado bloqueo.

Pero hay más. Al pretender escudarse con la iglesia católica, meramente para dificultar la entrega, Trump olvida que arremetió de forma grosera contra el Sumo Pontífice de esa institución religiosa, hace menos de un mes. Y que recibió del Papa la respuesta más contundente. Respuesta que le puso en crisis ante los católicos del mundo entero.

Esta zanahoria, perdón, donaciòn (como se ve) está carcomida por la plaga de siempre. Ellos lo saben. Y nosotros también.

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