Un despliegue de mentiras, prepotencia y amenazas del uso de la fuerza hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante la 81ª Asamblea General de la Onu hace unos días, que difícilmente pueda olvidar por las contundentes respuestas que de inmediato recibió de las autoridades cubanas junto al rechazo del pueblo, así como por las extrañas maniobras del imperio que no acepta que lo único fallido es su fracasada política contra el vecino caribeño, y no su estado soberano que resiste a pie firme.

Entre las más recientes artimañas que siguieron a delirante intervención de quien se cree emperador, no solo están los nuevos documentos desclasificados y declaraciones contradictorias que salieron de inmediato sobre las intenciones de agredir militarmente a Cuba, sino también confundir con afirmaciones de “negociaciones en curso” inexistentes e incluso la mayor presión psicológica por el ejército de EE.UU., como para asustar al pueblo acosado que, sin embargo, no come miedo aún en medio de carencias sin precedentes.
Los graves peligros que representan esos pasos injerencistas del imperio ponen en alerta no solo a la nación, que ya está de hecho en pie de guerra y lista para enfrentar al agresor que se aventure, sino al mundo entero, que con su movilización puede impedir el zarpazo planificado desde hace mucho.
Las reacciones no se hicieron esperar apenas se atrevió el mandatario estadounidense a utilizar el podio de la Asamblea General para intimidar y manipular con falsedades de todo tipo. Miembros de la delegación cubana abandonaron la sala de la Asamblea General en pleno discurso, y el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, le ripostó en la red social X: “Incapaz de justificar el castigo contra el pueblo de Cuba y su guerra económica genocida, el presidente de EE. UU. repite en la ONU que Cuba representa una amenaza. La mentira es el recurso de quienes se niegan a aceptar el derecho a la libre determinación del pueblo cubano”.
El Canciller Bruno Rodríguez Parrilla, que presidiera la delegación de la nación caribeña en la cita, insistió, por su parte en la misma red social, que “Cuba no es una amenaza para EE. UU., ni para ningún país. El bloqueo económico, incluido el cerco energético, sí amenaza a Cuba y al resto de las naciones. Es un acto de genocidio y castigo colectivo. Somos un país de paz y merecemos la paz”.
Un día antes, ante la Celac, Bruno había acusado a Washington de intentar imponer una nueva versión de la doctrina Monroe mediante la militarización regional, aranceles punitivos, sanciones secundarias y presión política.
Con desfachatez y arrogancia Trump admitió sin rodeos: “No creo que se pueda ejercer más presión, a menos que entremos y destruyamos ese lugar”.
Subestima la valentía del pueblo cubano el vaivén de declaraciones tan contradictorias como agresivas desde Estados Unidos, al punto que la misma administración que hipócritamente dice querer “ayudar” a los cubanos mantiene vigente la orden ejecutiva del 29 de enero último, que impone aranceles a los países que vendan petróleo a la isla.
Después del primero de mayo, Washington amplió las sanciones contra personas, empresas y sectores cubanos vinculados con energía, defensa, minería, finanzas y seguridad, y en septiembre añadió medidas contra entidades relacionadas con el níquel y la industria militar, entre otras restricciones que debilitan económicamente a Cuba, pero no dan la evidencia que desean de gobierno a punto de colapsar.
Según el informe que Cuba presentará ante la Onu, solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026 el bloqueo causó pérdidas récord de 8.083 millones de dólares, un 7% más que el año anterior, con un daño acumulado ascendente a 178.700 millones.
Ahora, con su reforzamiento este año y numerosas medidas coercitivas y unilaterales, afectará aún más a la economía del país, con restricciones petroleras que hoy dejan a oscuras a más del 60% de la nación en horas pico y sin fecha en listas quirúrgicas a 100 mil pacientes, incluidos 12 mil niños, por falta de medicamentos y combustible.
La agresión multidimensional del gobierno de EE.UU. escala hoy en esa hostilidad permanente, abusiva y despiadada que lejos de sorprender a los cubanos, moviliza al pueblo en todos los frentes.
Como alertara a la comunidad mundial el canciller cubano este 26 de septiembre en la Onu: “persiste la amenaza del uso de la fuerza militar contra Cuba, conducta que constituye una violación del Derecho Internacional y una contravención de la Carta de San Francisco.
“De materializarse, —prosigue— constituiría un crimen de gran envergadura. Provocaría muertes de cubanos y de jóvenes estadounidenses y una enorme destrucción. Esperamos que nunca ocurra. Cuba ejercería con toda su determinación y energía el legítimo derecho a defenderse”.
Este septiembre los cubanos hemos vuelto a darle una nueva lección al arrogante gobierno del norte que lanza nuevos petardos como los de hace 66 años frente al Palacio Presidencial aquel histórico día 28 en que surgieran los comités de vigilancia que devendrían los CDR, pero como entonces tampoco quedan sin respuestas esas embestidas desesperadas.
