Cómo surgió el turismo de salud en Santa Fe

En 1826, el cirujano guanabacoense don José de la Luz Hernández y Sardiñas, recibe noticias de las aguas santafeseñas y sus propiedades curativas. Poco después envía un paciente desahuciado por una junta compuesta por ocho facultativos eminentes, pero el enfermo curó aquí en poco más de tres meses.

Al fondo, de dos plantas, el primer hotel santafeseño, La Dalia, iniciador del turismo de salud promovido por las aguas curativas/ FOTO: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Algo después queda tendida la línea férrea Habana-Batabanó, en 1844, y envía a otros cuatro enfermos, también en muy grave estado, que como el anterior curan en poco tiempo.

A continuación, el doctor viene a esta isla en su primera visita,  acompaña a una señorita, tísica en estado muy avanzado, quien también cura de forma espectacular. Y el facultativo mismo recupera su salud antes afectada por varios padecimientos que le habían hecho perder la vista obligándolo inclusive a usar lentes o espejuelos.

Aquella señorita, Juana Ferretey, poco después se convertirá en su esposa y ambos deciden establecerse acá, la mayor parte del año, y no apartarse demasiado de las aguas milagrosas que les habían devuelto la salud.

Para entonces, desaparecido el primitivo caserío de Santa Fe, en la zona no había sino un denso bosque de pinos que alternaban con las palmas barrigonas en las inmediaciones del río. Y en uno de sus afluentes, luego conocido como Arroyo del Aguarrás existía un punto mínimamente habitado: la fábrica de aguarrás La Ilusión, montada en 1849 por el vasco don Manuel Calvo, donde laboran 50 esclavos y 10 blancos asalariados.

A este empresario se dirige el doctor, pues traía esta vez a cuatro enfermos en muy grave estado a quienes hospedaba en Nueva Gerona. Entonces se acondiciona la primera Casa de Baños sobre el manantial (una caseta de yaguas), don José traslada a sus enfermos y estos, como los anteriores, se curan tan rápidamente que hasta el propio don Manuel Calvo queda impresionado.

Y decide, a instancias del doctor, crear una pequeña sociedad comanditaria para uso y explotación en exclusiva de estas aguas  mineromedicinales. Con los 7500 pesos que logra juntar entre quienes se le asocian, Calvo compra una caballería de tierra que tiene como centro al manantial curativo. Y en 1852 levanta un caserío en la rivera norte del río Santa Fe.

Los accionistas de aquella Empresa de Baños de Santa Fe, muy pronto trasladan el pequeño poblado hacia la parte mejor y más alta del terreno, con plaza rectangular al centro, hoy parque de Santa Fe. Y en uno de sus accesos, el que viene desde el río, el santanderino Francisco Villegas y Villegas levantó el primer hotel del lugar: La Dalia.

Aquella Santa Fe, cuya razón económica fue la explotación de sus aguas medicinales, llega hasta nosotros en lo que pudiéramos denominar su casco histórico. Tuvo unas 30 casas de embarrado y guano, destinadas al hospedaje y asistencia de enfermos: unos 200 en lo que entonces se consideraba como las mejores estaciones para la temporada de baños; o sea, las de otoño e invierno.

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