Atender a la conservación de los suelos

La capa fértil de los suelos se pierde gradualmente, sobre todo por el escurrimiento superficial de las aguas de lluvia. En terreno de pendientes, la impetuosidad de los arrastres abre largas zanjas, a veces profundas, denominadas cárcavas. Por experiencia ancestral, se combaten obstruccionando su curso con piedras, tablas o ramas, de modo que los propios sedimentos que trae el agua las rellenen a su paso.

En terreno llano, la lucha es distinta. Y se logra proteger la tierra con un recurso siempre abundante: la maleza o hierba segada por el laboreo. Basta aporcarla alrededor del tronco o esparcirla en el tramo entre plantas y dejarla como recubrimiento para contrarrestar con eficacia el impacto de lluvia, sol y viento.

Un error que se comete con frecuencia es eliminarla del campo, la tierra así expuesta a la agresión de los elementos queda desnuda y vulnerable.

El recubrimiento agroecológico tiene además otros valores, consúltelos en la gráfica que acompaña esta entrega y aplique el enriquecimiento que sugieren.

FOTO: Perfil Plantemos en Puebla en Facebook/ Modificado: Redacción digital

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