¿Donaciones solo para vulnerables? ¿Aquí todos somos vulnerables?

Tengo una amiga con más de 70 años, jubilada por enfermedad, con amputación de un dedo del pie a principios de año, diabética e hipertensa… y para sorpresa suya no está incluida entre los vulnerables.

Redacción digital

“Ahora llegó una donación de chícharos, arroz y azúcar” me dijo, antes de agregar: “Mandé a averiguar, pero resultó que no estoy en el listado, aunque fui visitada por las trabajadoras sociales.  Y, si bien se mira, ¡aquí todos somos vulnerables!”.

Razón tiene, en parte. Vulnerables somos todos. No hay nadie blindado contra los percances que puede traernos la mala suerte. Cualquiera resbala y cae… en manos de un ortopédico. ¿Verdad? Era vulnerable. Y puede serlo todavía más. Baste que no se disponga de los recursos hospitalarios para atender su accidente, y la persona se nos queda medio inválida para toda la vida.

Una de las profesiones más difíciles de ejercer hoy, por cierto, es la de médico. Saben cómo curar, pero carecen del instrumental y los fármacos necesarios para ejercer su vocación de la forma más satisfactoria. ¿Tengo que sermonear por qué faltan recursos a ese médico y lo hacen a usted más vulnerable? No me parece. Cualquiera está mínimamente informado y sabe por dónde vienen los tiros.

Los vulnerables… todo un tema. ¿Quiénes cuentan en esa condición? ¿Cuántos tenemos solo en La Cuna del Sucu Suco?

Hasta ahora, según pude conocer, son 110 las madres solas con tres o más hijos, hay 39 familias disfuncionales y solo 369 considerados vulnerables; de ellos, 103 críticos. Entre estos últimos, van los encamados y postrados.

La gama es más amplia, y con toda probabilidad los vulnerables santafeseños rebasan el medio millar; dicho en guarismos, más de 500. Pero los que faltan a mi estimado, no han expuesto sus casos a las trabajadoras sociales, a cargo de las cuales corre la documentación de cada uno y su clasificación primaria. Esa puerta permanece abierta.

Puerta que conforma un equipo multidisciplinario compuesto por médicos, representantes de organismos políticos y de masas y otro personal especializado, para determinar si una persona precisa o no del beneficio estatal. Porque eso es ser vulnerable, por lo general un adulto mayor, enfermo, con pensión mínima o sin ella, vive solo en precarias condiciones, no recibe remesas y no tiene a ningún familiar que pueda y deba hacerse cargo de su persona.

Recalco: Solo quien no tenga a nadie de los suyos que pueda y deba brindarle compañía y sustento, tiene derecho según nuestras leyes a ser amparado por el Estado Cubano. Y tal socorro, que no se niega a nadie, va, si es preciso, hasta acogerle en Hogar de Ancianos donde tiene alojamiento garantizado y recibe tres meriendas y tres comidas al día, así como atención médica o de enfermería permanente.

En el caso de mi amiga, recibe remesas del exterior. Tiene casa propia y su hija convive con ella, está en edad laboral y trabaja. Como tantísimos otros cubanos, tiene necesidades insatisfechas (eso nadie lo niega) pero no está sola ni carece de quien la acompañe, ayude y sustente.

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