El despertar en el reparto Abel Santamaría, una comunidad que debería ser sinónimo de bienestar y crecimiento para nuestras nuevas generaciones, se ve empañado por una realidad que desafía la lógica y el civismo.

Lo que antaño fuera un entorno digno, hoy se debate entre la desidia y el riesgo sanitario, centrado lamentablemente en las inmediaciones del círculo infantil local. Es allí, donde la inocencia debería encontrar un espacio protegido, donde se ha asentado un foco de contaminación persistente que amenaza la salud de todos los residentes.
La problemática es multifactorial, pero nace de una indisciplina social que no puede pasar desapercibida: la basura que botan los vecinos sin control alguno. Montículos de desechos sólidos se apilan de manera constante al costado de la institución educativa, creando un escenario dantesco que no solo afea el paisaje urbano, sino que se convierte en el caldo de cultivo idóneo para la proliferación de vectores.

Moscas, roedores y mosquitos encuentran en estos vertederos improvisados el refugio perfecto para reproducirse, elevando exponencialmente el peligro de enfermedades infecciosas en una zona de alta vulnerabilidad epidemiológica.
Como si la acumulación de desperdicios no fuera suficiente, el panorama se agrava con una crisis de la infraestructura hidráulica que no ha sido solucionada por las autoridades competentes. Un salidero de aguas albañales persistente ha comenzado a correr por las calles aledañas, mezclando su contenido con los residuos sólidos. Esta mezcla tóxica no solo genera una fetidez insoportable que se extiende por todo el poblado, afectando la calidad de vida de cada hogar, sino que pone en riesgo directo la integridad física de los transeúntes.


El punto crítico lo constituye la fosa que cuando se desborda convierte la vía pública en una zona intransitable. Este vertimiento de aguas residuales obstruye el paso de los vecinos, quienes, en su afán por cumplir con sus rutinas diarias, deben sortear obstáculos.
La situación en el reparto Abel Santamaría no es solo un problema de higiene; es un llamado urgente a la responsabilidad colectiva y a la gestión estatal. Si bien en el pasado reciente a través de movilizaciones y otros esquemas de apoyo fue atendido este tema, hoy se requieren otras iniciativas.
No podemos permitir que la negligencia de unos pocos y la inacción de otros pongan en jaque la salud de nuestros niños y el bienestar de nuestra demarcación.

Es imperativo que este trabajo sirva como un espejo donde la comunidad se mire y decida cambiar el rumbo.
La limpieza y el orden son pilares fundamentales de la convivencia ciudadana que requiere de la conciencia de cada habitante. Recuperar la higiene del entorno es recuperar el respeto por nosotros mismos y por quienes comparten nuestra cotidianidad.



(*) Colaboradora
Otros artículos del autor:
- None Found
