Acelga, verdura de semisombra

En las parcelas multiplicadas en nuestros barrios prolifera la acelga, cultivada por sus hojas, las cuales se pueden consumir cocidas o crudas –cuando tiernas–, en sopas, guisos y ensaladas. Tienen un peciolo o penca –el nervio central– ancho y largo también comestible.

El sabor es similar al de la espinaca, aunque algo más ligero. Las hojas verdes y finas requieren menor tiempo de cocción que las pencas, por ello se deben cocinar aparte.

Contienen vitaminas A, C, E y K. Son ricas en minerales, principalmente potasio, calcio, hierro, magnesio, ácido fólico y flavonoides que ayudan a prevenir el cáncer; por su alto contenido en fibras le atribuyen propiedades laxantes y digestivas.

Para sembrar esta planta el terreno debe ser fértil, capaz de conservar la humedad y permanecer mullido; resulta conveniente aportarle abono de establo bien descompuesto, a razón de 2,5 a tres kilogramos por metro cuadrado. Requiere suelos con PH entre 5,5 y ocho; no tolera los ácidos, conviene mejorarlos agregándoles carbonato de calcio.

No demanda excesiva luz; crece bien entre edificios y lugares sombreados. Cambia su época de siembra según la variedad, acá es prácticamente todo el año.

Para reproducirla ponga dos a tres semillas por golpe, distantes unos 35 centímetros (cm) en líneas separadas de 40 a 50cm. De inmediato dele un riego ligero para asentar la tierra. Nace a los ocho o diez días. Debido a su gran masa foliar necesita riegos frecuentes para mantener la humedad.

La recolección comienza sobre los 50 días y puede hacerse de dos formas: cuando la planta alcance su máximo desarrollo –método recomendado– o cortando las hojas exteriores en su tamaño óptimo.

Goza de numerosas aplicaciones medicinales y alimenticias por ser emoliente, refrescante, digestiva, diurética, diaforética y nutritiva.

Es una verdura muy perecedera por ende debe consumirse fresca. En refrigeración se conserva algunos días; puede congelarse, pero antes resulta aconsejable hervirla ligeramente.

Cierro los apuntes con esta sugerencia de oro: uno de sus principios activos transforma los triglicéridos en lipoproteínas. De modo que… acelga al plato y ¡adiós triglicéridos!

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