Las cosas de Celia: Un guateque en la Quinta Avenida

Celia Sanchéz y las muchachitas en el guateque que se montó en plena Quinta Avenida. Foto: Cortesía de la autora.

La conocí en un parque de Miramar un Día de las Madres, luciendo un vestido blanco acampanado, de escote ojal y mangas mariposa. En el cuello, un collar de semillas naturales, tan coherente con su estilo, sencillo pero no por eso menos elegante.

Estaba todo listo para comenzar un acto cultural sin precedentes, en el que actuarían alumnas de la escuela para campesinas “Ana Betancort”.

El susurro previo al inicio de la función se tornó en algarabía, cuando la doble heroína de la Sierra y del Llano llegó al lugar donde cientos de adolescentes campesinas esperaban sentadas como invitadas principales del Guateque que se montó en plena Quinta Avenida, en la todavía exclusiva barriada de Miramar.

El parque brindaba la sombra de sus majestuosos árboles con el perfume natural propio de una tarde dominguera en el inicio del verano cubano.

Las muchachitas, como solían nombrarlas, habían dejado las montañas intrincadas de la Sierra Maestra, del Escambray y de otros confines de la Isla, para venir a la capital a capacitarse en diferentes oficios.

Ellas eran las iniciadoras del Plan de las Diez Mil Campesinas que en los años subsiguientes completarían esa cifra.

Celia, quien seguía muy de cerca el programa diario del Plan, intuía que el primer día de las madres lejos de la familia sería muy triste para todas y se propuso regalarles la fiesta.

Pura sensibilidad humana hecha mujer, aquella que muchos considerábamos la Madrina de todos los revolucionarios y del pueblo que la amó y respetó entrañablemente, Celia había sido la promotora y organizadora -¿quién si no?- del sorprendente guateque campesino en el corazón de Miramar.

Aquellas campesinas habían llegado a la capital por primera vez pocos meses antes y sentían lógica nostalgia por el natural entorno donde nacieron y crecieron y por sus seres queridos, especialmente en un día tan significativo para los cubanos como el de las Madres.

Como la mayoría del pueblo, yo conocía a Celia a través de la hermosa leyenda que la acompañaba desde que, en la Sierra Maestra luchaba junto a Fidel, jefe y compañero de luchas por una nueva vida para todos los cubanos.

Ella lo amaba intensamente, lo protegía, lo defendía como una leona ante cualquier tipo de amenazas. Él le correspondía. También yo, como parte del pueblo.

Ese domingo de mayo de 1963 la amé como amé a mis padres, como amo a mi esposo, a mis hijos a mis nietos, a mis biznietos, a toda mi familia y a mis entrañables amigos.

Ya, antes del triunfo de la Revolución la tenía entre mis seres queridos por su historia, por su arrojo, por su cubanía, por ser martiana, por su integridad, por estar al lado de Fidel todo el tiempo.

Hablar de Celia Sánchez es hablar de la historia viva porque su impronta está en cada gesta de la lucha contra la tiranía batistiana, en el llano, en la Sierra Maestra y, como culminación, en la construcción del proceso radicalmente popular, abierto con la alborada del 1ro de enero de 1959: la Revolución de los humildes, con los humildes y para los humildes.

Martiana hasta la médula, mostró con su ejemplo la razón del Apóstol de la Independencia cuando aseveró que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

En las vísperas de este segundo domingo de mayo, Día de las Madres y 106  aniversario de su natalicio, Celia vuelve a mi memoria como la vería tantas veces después: austera pero elegante, casi siempre con ropa de campaña, manejando sola un jeep plástico, casi en desuso y vinculada siempre al pueblo, escudriñando y corroborando todo cuanto ocurría en la sociedad para informar bien a Fidel.

Así la recuerdo aquel Día de las Madres, en el parque de Miramar en la fiesta campesina, disfrutando la actuación de las muchachitas, en el guateque que ella misma organizó tras bambalinas y que disfrutó como una más, campechana, jovial, radiante de felicidad, genuinamente cubana. Como era ella.

Celia Sánchez Manduley. Foto: Archivo/Cubadebate.
Celia, escudriñando y corroborando todo cuanto ocurría en la sociedad para informar bien a Fidel. Foto: Oficina de Asuntos Históricos.

 

Otros artículos del autor:

Cuba
Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *