
Especial connotación tiene para los cubanos este Día Internacional de los Trabajadores, el Primero de Mayo en 2026, fecha que de hecho ya celebran desde antes en un ambiente de compromiso revolucionario con firmas en las que trabajadores y demás pobladores de forma espontánea, pero conscientes, reafirman su voluntad de preservar la soberanía de la nación y repudiar el bloqueo económico recrudecido, el cerco energético extremo y las amenazas de agresión del gobierno estadounidense.
En enardecidos actos aun faltando fluido eléctrico y transporte o bajo el intenso sol al concluir una jornada en la agricultura o en la limpieza del malecón de Nueva Gerona, hasta donde se extenderá el desfile anunciado para el venidero viernes en la capital de la Isla de la Juventud, tienen lugar estas rúbricas en las que los pineros enarbolan con acciones más que en palabras el lema de la celebración: #LaPatriaSeDefiende.
Pero el empeño va más allá en que también firman por las familias, por el futuro, en apoyo a la Revolución y por seguir haciendo de Cuba un país de paz, que no busca la guerra, pero que sabrá defenderse ante cualquier intento de invasión.
El compromiso es mayor en el año del centenario del natalicio de Fidel con quien juramos de manera entrañable continuar implementando el concepto de Revolución, que expusiera aquel ya histórico Primero de Mayo del año 2000, resumido en veinte ideas básicas, definidas por el líder Raúl Castro, como la quintaesencia del trabajo político e ideológico que preside nuestra labor para el reforzamiento de valores fundamentales en la sociedad cubana actual.

“Revolución es: sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos”, afirma el Comandante en Jefe en la primera parte del referido párrafo que en pocas palabras enuncia profundas ideas que siguen convidando a la reflexión 26 años después.
Continúa más adelante desde la Plaza de la Revolución en La Habana con magistral poder de síntesis ese concepto de altura que no solo abrió esta centuria desde su mismo inicio, sino que parafraseando a José Martí -cuando afirmó: “Un grano de poesía sazona un siglo-”, esa definición de lucha, en verdad, marca el siglo al enrumbar el mundo nuevo por el cual batallamos los cubanos junto a otros pueblos y clama con urgencia la Humanidad:
(Revolución) “es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.
Así, valores como la dignidad, el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la honradez y honestidad, resultan fundamentales para la construcción de la sociedad socialista y la formación de la conciencia superior que exige nuestra ideología que hoy enfrenta los serios desafíos de la crisis multidimensional del orbe como parte de la agonía del sistema capitalista con su mundo unipolar en un complejo contexto caracterizado por el egoísmo, la injusticia, explotación, desigualdades, manipulación, abusos, violencia, saqueos y la mentira atroz.
Todo un enjambre de podredumbre que promueve la enajenación, el individualismo y el consumismo, entre otras conductas degradantes frente a las cuales el referido y cada vez más necesario concepto de Fidel representa antídoto, esperanza y expresión del mundo nuevo por el que igualmente marcharemos el venidero Primero de Mayo.
Es la tradición de la celebración proletaria internacional de ese día en recordación a los mártires de Chicago, donde miles de trabajadores exigían la jornada laboral de ocho horas, en vez de las de 16 impuestas, y algunos de sus líderes asesinara en 1886 el gobierno de turno en Estados Unidos luego de las protestas de mayo que culminaron en la Masacre de Haymarket.
Para colmo esa nación sigue distorsionando el sentido de la fecha al hablar en medios de las patronales del día del “trabajo” en lugar del día del trabajador.
Es una de las manipulaciones y engaños a rectificar en este mundo patas arriba, por lo que se impone reivindicar no solo al protagonista, a la clase llamada a sepultar la explotación capitalista, sino también el sentido original de la conmemoración.
Sin embargo, aunque en septiembre es el Día del Trabajo en esa dictadura, EE. UU. no puede impedir que en mayo prevalezcan las protestas de inmigrantes y trabajadores, violentados e ignorados aún más en el gobierno fascista de Donald Trump, donde no pocos forman parte de los 280 millones de obreros carentes de derechos laborales básicos, según registra la Organización Internacional del Trabajo.
