Desde tiempos remotos la historia demuestra que el pensamiento revolucionario se forja al calor del combate. En Cuba sobran los ejemplos; sin embargo, muy vigente ahora son las ideas de Maceo y el Che.

Muchos cubanos dignos aluden constantemente la intransigencia de estos dos grandes titanes ante la falsa narrativa del presidente yanqui Donald Trump para justificar una intervención militar a Cuba, ansioso por un trofeo que se les ha escapado a varios presidentes demócratas y republicanos de Estados Unidos por más de 60 años.
El Mayor General del Ejército Libertador Antonio Maceo Grajales (1845-1896) y el Comandante del Ejército Rebelde Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967) son figuras excepcionales que nacieron un 14 de junio, pero en siglos y países distintos.
Fidel leía con avidez todo lo referido al Titán de Bronce, así lo contó en su discurso pronunciado en homenaje a los natalicios de Maceo y Che, en el Cacahual, el 15 de junio del 2002.
“Lo vi siempre como una leyenda. Las 26 heridas que recibió y las más de 800 acciones de guerra en que participó desbordaban los límites de la fantasía de un adolescente o un joven, al aparecer ante nuestros ojos como un dios de la guerra. Lo percibía en un espacio difícil de abarcar demasiado alto y demasiado lejos. Más tarde, la modesta experiencia de nuestra propia guerra revolucionaria me ayudó a ver aquel hombre extraordinario un poco más de cerca”.
Respecto al Guerrillero Heroico dijo: “Lo vi realizar el primer disparo y sus primeras proezas. Médico e intelectual convertido en soldado temerario, siempre el primero cuantas veces hizo falta un voluntario para misiones difíciles, tuve el privilegio de conocerlo más de cerca. Si quisiera buscar una palabra que fuese sinónimo de austeridad, integridad, espíritu de sacrificio y ética, esa palabra sería Che”.
Más adelante argumentó: “Ochenta y tres años separaban el nacimiento del uno y del otro. El primero era ya un personaje legendario cuando el segundo vino al mundo. Si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América”.
Por sus cualidades ético-morales y pensamiento político representan un faro para muchas personas en el mundo y nuestro pueblo, que cada año los honra.
Ambos en su momento protagonizaron la invasión de Oriente a Occidente, lucharon tenazmente contra toda forma de injusticia al costo de sacrificar la familia y la propia vida y murieron en combate.
Oriundo de Santiago de Cuba, el Titán de Bronce propicia que la Guerra de los Diez Años no concluya con la capitulación del Pacto del Zanjón, sino con la notoria Protesta de Baraguá: “Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él”. José Julián Martí Pérez la califica como “…lo más glorioso de nuestra historia”.
Durante casi tres décadas el héroe de tantas batallas pelea con sus temerarias cargas al machete y entrega cuerpo y alma por la causa de la independencia.
El joven médico argentino-cubano formó parte de los 82 expedicionarios del yate Granma liderados por el joven abogado Fidel Castro Ruz, que desembarcaron en Cuba y fue uno de los sobrevivientes al combate de Alegría de Pío; lucha por la liberación de Cuba y alcanza el grado de Comandante del Ejército Rebelde.
Luego del triunfo de 1959, el Che reflexiona acerca de que el cuadro es la columna vertebral de la Revolución y recomienda a los jóvenes no confiar en el imperialismo “ni tantito así”.
En su condición de Ministro de Industria opera combinadas cañeras, fomenta el trabajo voluntario e inaugura en la entonces Isla de Pinos, el diez de mayo de 1964, la fábrica procesadora de caolín Julius Fucik.
Su vocación internacionalista lo lleva al Congo y abre el frente guerrillero en Bolivia contra la opresión, donde es asesinado vilmente. Hoy sus restos descansan en Santa Clara, en honor a la gran batalla que dirigiera a finales de 1958 y acelerara la derrota de la tiranía de Batista.
El legado de los dos enaltece a quienes en defensa del Socialismo se entregan con innovación y ciencia a producir alimentos para el pueblo, a buscar soluciones a la contingencia energética y a otras tareas urgentes necesarias para salir adelante y mantener la soberanía de la Patria.
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