Se conocieron durante un barrio debate en la actual Semana de Prevención y Enfrentamiento a las dañinas sustancias en Isla de la Juventud

“Estar en ese mundo de la droga es muy difícil, es peor que estar preso, es terrible, nada me importaba ya, ni mi familia, por lo perdido que estaba y por poco pierdo hasta la vida, era un verdadero tormento… del que pude salir gracias a la atención que nos dieron los especialistas y el Jefe de sector de la Policía, donde no nos dejan recaer”, reflexiona uno de los jóvenes atrapado por ese flagelo, aún en prisión condicional, luego de cuatro años de reclusión y tratamiento médico, al compartir sus vivencias con los participantes en el barrio debate realizado sobre el tema en la esquina de las calles 30 y 45 en el consejo popular de Pueblo Nuevo al que fue invitado.
Hoy con 27 años, rehabilitado de salud y reincorporado al trabajo y al estudio en la Universidad pinera, donde cursa la carrera de Informática, el muchacho, cuyo nombre prefiero no mencionar por ética y respeto a su integridad, confiesa “con dolor la amarga experiencia de quedarme prácticamente sin nada por tratar de venderlo todo, para procurar más dosis, pues ya no podía controlar el consumo, incluso sabiendo del daño causado por tan peligrosas sustancias”.
Los presentes no solo escucharon con atención, igualmente meditaron aquel reciente atardecer de las nefastas consecuencias que causan las adicciones a la salud física y mental de los consumidores, e incluso a las familias.
Otro de los sancionados relata con total franqueza: “Me siento como si me hubieran liberado de esa angustia terrible de la dependencia incontrolable a la droga, por eso me siento un hombre nuevo, agradecido de la Policía. Se que ya no puedo virar el tiempo para atrás ni podré recuperar el que perdí, pero sí rectificar de ese error…”, agrega quien también con la misma edad fuera sancionado por delitos vinculados a esas prácticas degradantes.
Igualmente, el jefe del sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en ese consejo popular, el subteniente Yairobis Pantoja Pupo, comparte experiencias desgarradoras como algunos ya muy enfermos que “prefieren entregarse a la PNR, donde se sienten más seguros, para evitar ′ajustes de cuenta′ de quienes comercializan ilegalmente el llamado químico u otros estupefacientes, por las deudas que contraen con ellos y el riesgo de que puedan atentar contra sus vidas, de manera que las víctimas sufren y muchos lloran impotentes…”.
Durante la actual Semana de Prevención y Enfrentamiento al consumo de drogas tuvo lugar el referido encuentro en la zona 50 de los CDR donde vecinos de diferentes edades se sumaron al intercambio en el que también intervinieron la Máster en Salud Mental Miyurkis del Río Salgado, quien está al frente de ese centro comunitario que presta ese servicio de rehabilitación, el fiscal Carlos Morejón Valdor y el mayor del Ministerio del Interior, Idel Pelegrín Wilson, entre otros representantes de las instituciones que unen esfuerzos en el combate multifactorial.
“Nadie se hace consumidor ni adicto de un día para otro”, razonó el mayor Idel, alertando que a ese crítico estado se llega cuando en el hogar dejan de estar al tanto y exigir a tiempo a los hijos en malos pasos, por lo que urge saber con quiénes salen y a dónde van, sobre todo menores de edad, como alertaron otros presentes.
Todos coincidieron en la necesidad de fortalecer la responsabilidad individual y familiar, así como de los demás en el barrio para evitar desviaciones que pueden agravarse hoy con las mayores complejidades en el orbe, a partir del incremento de la producción y tráfico de drogas ilícitas como cocaína, marihuana, heroína; a las que se suman la aparición de nuevas sustancias psicoactivas, fabricadas a partir de productos químicos de fácil obtención en el comercio legal, como las metanfetaminas y los cannabinoides, más conocidos en Cuba como “químico” o “papelitos”.
Indetenible es la batalla del país con los factores sociales e instituciones en aras de no solo detectar, sino también prevenir, rehabilitar y enfrentar resueltamente un desafío que no puede limitarse a una semana y ejercicios que continúan cada mes al calor de la política de tolerancia cero, sino también a mayor número de espacios de debate abierto encaminados a elevar el rechazo social a esta amenaza y enemigo silencioso disfrazado de escape, pero que conduce al abismo, con efectos devastadores desde alucinaciones, conductas violentas y daño cerebral irreversible, hasta trastornos permanentes y desintegración social y familiar.
