Entre los muchos recuerdos que atesoro del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez en recorridos y entrevistas, está la que ofrece testimonios inéditos y reflexiones que cobran vida con su muerte

Lo que nunca imaginaron los verdugos fue cómo aquel muchacho de apenas 21 años, nada menos que el más joven del grupo sometido a la doble condena del modelo de terror que fue Presidio en la entonces Isla de Pinos y el destierro a más del centenar de kilómetros de mar, volvía a burlarse del nuevo castigo de aislamiento en una pequeña e infernal celda individual, durante más de dos semanas, impuesto en represalia al más reciente “atrevimiento” de figurar entre los promotores de haberle cantado a coro en pleno rostro del tirano Batista en visita al penal, la Marcha del 26 de Julio, entre otras audacias.
Las armas esta vez las había “echado y enrollado en la colchoneta que dejé preparada junto a la cama”, en el pabellón donde guardaban prisión junto a 27 asaltantes más, sobrevivientes del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
“Me imaginaba que vendrían a buscarme castigado… y así fue”, recalca durante la entrevista hecha años después en su despacho en La Habana, donde nos atiende con humildad y franqueza junto a uno de los fotógrafos del periódico Granma, donde laboraba.
ꟷCuando vengan por mis cosas entrégalas con cuidado para que no descubran los libros que van dentro, “le dije a Julito, antes de salir obligado por los guardias con el pretexto de que tenía visita”.

Es el testimonio inédito que ofreciera a 45 años de aquella fecunda etapa en el mal llamado Presidio Modelo, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, quien subraya la forma en que desafiara la tortura psicológica: “por supuesto, increpamos la medida, sus métodos, pero después que quedé solo, me pasé todo el tiempo leyendo y así pasaron rápido los días, dos veces leí Los miserables…, Don Quijote… y varias novelas más…
“Los libros nos dieron la libertad –relata– que pretendieron quitarnos encerrándonos en aquellas difíciles condiciones y nos prepararon para las nuevas batallas; por lo que la literatura en general y el estudio constante se convirtieron para nosotros en gran aliado y armas innegables de nuestra causa…”.
En su hablar pausado y seguro, rememora la excarcelación aquel 15 de mayo de 1955, “en el segundo grupo, el encuentro con el pueblo concentrado afuera…, seguimos para la casa de la familia de Montané en Nueva Gerona y luego la partida hacia Batabanó, camino a la capital, en horas de la noche a bordo del barco el Pinero, en una histórica travesía en la cual dimos el nombre de 26 de Julio al Movimiento… en recuerdo a los caídos en las acciones armadas de ese día de 1953”.
Precisa que en esa etapa, “realmente comenzó la formación política e ideológica, y nos identificamos más con las ideas y los principios”.
Y reflexiona a la luz de estos tiempos el orgullo de ver “a todo un pueblo que pone a prueba su gran potencial y garantiza la continuidad de la Revolución, generación tras generación, en permanente enfrentamiento al imperialismo y esas reservas nunca se han mostrado tan masivamente como ahora, en esta impresionante movilización desatada a raíz del secuestro de Elián” (expresa refiriéndose a la manipulación del niño cubano Elián González Brotons de seis años por terroristas desde Estados Unidos, como otra de sus acciones hostiles, pero que fuera devuelto bajo la tutela del padre siete meses después, tras el movimiento popular durante el proceso judicial violatorio del derecho internacional y de las leyes estadounidenses).
“Pienso que el mensaje está bien captado por las nuevas generaciones”, comenta con regocijo de combatiente que admira y comparte el fruto de largos años de lucha.
“Se ha puesto de manifiesto –enfatiza– todo lo que estaba latente, cual cosecha de lo sembrado durante décadas, se han abierto nuevas vías, nuevos caminos de lucha, y la propia gente en este campo de batalla ideológica y de los principios, ha galvanizado nuevas posibilidades capaces de expresar en acciones y pensamientos la más plena identidad con el Socialismo, la Revolución, con Fidel…
“La bandera de aquella vanguardia –afirma el también miembro del Comité Central y entonces presidente del Grupo de la Electrónica, entre otras responsabilidades– es hoy la de todo el pueblo”.
Quien igualmente ostentara la condición de Héroe de la República de Cuba y del Trabajo, rememora emocionado, entre otras vivencias, la inteligente estrategia dirigida por Fidel, aún incomunicado, para deshacer todas las maniobras de la tiranía como la de pretender utilizar la amnistía como rejuego electorero, que la amplia movilización popular hiciera fracasar, como ocurriera siempre en otros decisivos momentos del proceso revolucionario.
Este Día de los Padres, como escribiera el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, “se nubla con el dolor de su partida”.

A 26 años del inolvidable intercambio medito hoy con más confianza en la sencillez con que dialogara tras la entrevista, no solo de las lecciones de esos momentos históricos, sino también de los retos actuales con un imperio soberbio que no se conforma con la Revolución que lo desafió sin miedos y de otros detalles de un proceso que no se detiene y a lo largo del cual ocupara diversas responsabilidades.
Entre ellas sobresalen vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros (1976 – 2019), viceprimer ministro desde el 2019, Ministro del Interior en dos etapas y titular de la Informática y las Comunicaciones del 2005 al 10.
Tal era la consagración de Ramiro que además de integrar la vanguardia revolucionaria que emprendió el camino con el liderazgo de Fidel, fue uno de los expedicionarios del Granma, combatiente del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, segundo Jefe de la columna invasora No. 8 Ciro Redondo y protagonista junto al Che en la batalla de Santa Clara.
Él ha sido pilar de firmeza. Su trayectoria no es solo un currículo de cargos, es testamento de fidelidad a Fidel y a Raúl. Su moral se forjó en las montañas y consolidó en la nación soberana.
Su ejemplo es el del soldado que nunca abandonó su puesto y del líder convencido de que ser revolucionario es tarea de cada día, sin descanso ni claudicaciones.
El más joven de los revolucionarios presos en la segunda ínsula cubana no deja de empuñar las imbatibles armas que siguen defendiendo la Revolución, más invencible cuanto más asediada.
