La piña, de siembra a cosecha

La piña o Ananas comusus L. es una de las frutas tropicales de mayor importancia debido a su alta demanda: fresca o procesada en jugos, helados, rodajas o segmentos con sirope.

FOTO: Perfil Oliver Carralero en Facebook

Aunque originaria de las regiones tropicales sudamericanas, se cultiva hoy en múltiples zonas de clima cálido; sus flores son violáceas, crece aproximadamente 70 centímetros, es sumamente vistosa y posee largas hojas carnosas que se arquean hacia afuera, a partir del centro, dispuestas de tal forma que evitan la pérdida de agua.

Su fruto es de gran tamaño y tiene forma abombada, termina en penacho o corona de hojas verdes; posee cáscara anaranjada o verde-morado y encierra una pulpa blanco-amarillenta, muy carnosa y refrescante, cuyo agradable sabor oscila del dulce al ácido.

La propagación recomendada es vegetativa. Para ella se emplean los hijos de la corona. Y también los basales, retoños o bulbillos de la base del fruto. Además se recurre, en última instancia, a los hijos axilares, retoños o vástagos que salen de las yemas del tallo. Según su posición se les denomina claveles (en la parte media) o criollos, en la superior, casi siempre con raíces en el suelo.

En la antigua Isla de Pinos -primer cuarto del siglo anterior- los colonos norteamericanos cultivaron la piña, como puede apreciarse en la foto, obteniendo excelentes resultados con destino a la exportación.

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