¿Apoyar a todos o solo a los grandes productores?

Planteado como refiere el título, se establece una disyuntiva espinosa que demanda, de un lado, transparencia; y de otro, disposición a escuchar razones, a comprender. En buena ley, todos tienen el mismo derecho aunque en estos momentos no reciban sostenimiento igual.

Redacción digital

¿Se salvaguarda así el principio martiano: Con Todos y para el Bien de Todos?¿No, o sí? Veamos otras aristas del problema, sin desbocar fogosidades prematuras.
“Esta no es ya la Anap, la Asociación de Agricultores Pequeños, esa desapareció. Ahora es la de grandes productores”. Eso lo hemos oído. ¿Usted no?
También escuchamos una fundamentación mejor ideada: “Si se repartieran los pocos recursos disponibles entre todos los dispuestos a producir, los pequeños… se lograrían muchos poquitos que juntados harían una gran producción”.
Parece acertado, y sin dudas pudiera llegar a serlo si se adoptara esa estrategia. Agréguese a lo anterior que si uno de estos no obtuviera buena cosecha, otros complementarían la falta con las suyas y el déficit no sería tan de notar.
Pero estaríamos exponiendo el escaso combustible y los exiguos paquetes tecnológicos. Y poniéndolos en manos de personas, sin dudas bien interesadas, pero cuya gestión productiva, hasta ahora, no fue relevante. Razones hay muchas. Se objetará que no dispusieron de los recursos necesarios. Y es cierto, como lo es también que su estrategia personal tuvo demasiadas fallas tácticas, se proyectaron desacertadamente y en la batalla de las producciones no lograron salir adelante.
Y no se alinearon en la delantera cuando otros, aplicando un pensar diferente, aunque estando en sus mismas condiciones, ni más ni menos, sí resultaron exitosos. Porque, y debemos no olvidarlo, quienes ahora son grandes productores no siempre lo fueron. Estaban, en sus comienzos, a la misma altura que los demás, sin ningún apoyo especial. Por eso, ahora lo tienen; porque pusieron todo su empeño en el arranque y atinaron al centro de la diana aunque entonces enfrentaran, como hubo, un desalentador viento legal en contra. Hoy tienen erguido su tinglado de tal forma que van de más a más, y es lo que hace falta.
No es momento — dicho con total rigor— para que alguien que antes estuvo poco acertado y no destacó por sus resultados, tenga otra oportunidad para ver si esta vez acierta. O no acierta.
Con los grandes productores se va al seguro, tienen ya un largo camino andado. Poseen experiencia, contratos, mecanismos para importar en divisas, maquinaria diversa, transportes, proveedores conocidos, capacidad financiera para involucrar a cientos de trabajadores, cochiqueras y naves para el cuidado y reproducción de cerdos y aves, pies de cría de probado valor genético, considerables extensiones de tierra ya desmontadas y aptas para la siembra inmediata… en fin, lo que hace falta para ir más allá, para llegar más lejos.
Todo lo anterior no niega el derecho de otros a sumárseles, al contrario. Pero mientras no dispongamos de recursos suficientes, habrá que ponerlos en manos de los que tengan las condiciones creadas para proveer más alimentos. Resulta imprescindible colocar esos recursos, reiteramos, en manos de quienes puedan desatrancar la cornucopia de la abundancia lo más rápido posible, “…y para el bien de Todos”.

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