¿Qué representan para el líder de la Revolución Cubana los años tras las rejas en la entonces Isla de Pinos?

En los 95 años de larga vida revolucionaria que cumple este tres de junio el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución, los 20 meses que permaneció en el Presidio Modelo de la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, tras las acciones del 26 de julio de 1953, tienen una especial significación y es mucho más que ese corto tiempo de octubre de ese año al 15 de mayo de 1955, en que salen en libertad los revolucionarios encarcelados.
En esa etapa en que fue confinado a cumplir 13 años de cárcel, pero que no llegó ni a dos, testimonia su compromiso de lucha.
Como un período de fortalecimiento de la unidad y de la organización revolucionaria, así como de la preparación política y cultural describe Raúl la cárcel para aquella vanguardia en la que él era uno de los más jóvenes, con apenas 23 años.
Allí es ubicado junto al resto de sus compañeros en una de las salas del hospital del presidio, separados de los presos comunes por una pared de ladrillos levantada con ese fin, y participa activamente en la creación de una biblioteca y la academia revolucionaria Abel Santamaría, donde impartían clases de Filosofía, Historia, Geografía y oratoria, tema en el que él ofrecía las dedicadas a asuntos de interés político y social y promovía debates entre los sobrevivientes del Moncada.
También participó en la planificación de acciones de resistencia, como la iniciativa de entonar el Himno del 26 de Julio frente al dictador Fulgencio Batista durante una visita allí en 1954, un desafío al régimen y acto simbólico de lucha y homenaje a los caídos.
CASTIGO, AISLAMIENTO Y FIRMEZA

Tras la osadía serían castigados con severidad su hermano Fidel, Ramiro Valdés, Ernesto Tizol, Israel Tápanes y Agustín Díaz Cartaya, mientras que a él y al resto les retiran el equipo de radio, suspenden periódicos y prohíben otras vías de comunicación.
A tal punto lo aíslan, que a pesar de recibir 10 veces telegramas del Ministro de Gobernación, Ramón Hermida, donde ordenaba el traslado de Raúl hacia La Habana para comparecer como acusado ante el Tribunal de Urgencia por presunta responsabilidad en delito contra el orden público en la causa 412 de 1953, el Supervisor de la prisión lo impide alegando excusas como falsas enfermedades de Raúl, carencia de escoltas y falta de pasajes.
También fue castigado el 29 de marzo de 1955, con treinta días de privación de comunicaciones y visitas al igual que Fidel, por un artículo del líder del Movimiento 26 de Julio que había aparecido en la revista Bohemia bajo el título de “Carta sobre la amnistía” en que denuncia la maniobra politiquera que escondían los proyectos de amnistía del régimen en el Congreso.
A Raúl lo inculpan cómplice de Fidel en ese artículo y la burla al penal al hacerlo llegar a ese medio de prensa.
Pera él la prisión no era solo un castigo, sino, sobre todo, fragua de combate para preparar la Revolución.
MEMORIAS DE LOS DÍAS CERCANOS A LA HORA CERO
Tras las rejas el joven Raúl escribe, además, sus recuerdos sobre los días 24, 25 y 26 de julio de 1953, al cumplirse el primer año del asalto, en 1954, en líneas que devienen una lección de patriotismo, firmeza y lealtad a la causa abrazada por quien antes había sido, como destacara Eusebio Leal, “el adolescente de la bandera del día glorioso del entierro de la constitución”… y “el primero en entrar en el cuartel Moncada, cumpliendo la orden de Fidel”.
Impresiona el dramatismo de la víspera, los días 24 y 25. Los contactos con Pedro Miret Prieto y José Luis Tasende de las Muñecas, su jefe inmediato. “Ya no me quedaba lugar a dudas: la ‘hora cero‘, como solíamos decir, se acerca rápidamente”.
La última llamada telefónica de Tasende, a las ocho de la noche –24 de julio– “Señalándome que me reuniera con él en el punto ’L’ (casa de Léster Rodríguez, cerca de la Universidad), dirigiéndome inmediatamente al punto indicado donde, con Tasende, recogí el último cargamento de armas, dirigiéndonos a la estación de ferrocarril, tomando el tren central rumbo a Oriente. Miret, Crespo y Léster se habían ido por otra vía. En la estación de ferrocarril nos reunimos con dieciséis compañeros más, todos subordinados al compañero Tasende”.
“Nada dormimos en el viaje, el alba de aquel sábado caluroso se presentaba con esa tranquilidad que precede a los grandes acontecimientos (En realidad era un amanecer como otro cualquiera, pero a mí se me ocurrió pensar que ese era diferente).En el coche comedor, donde los componentes del grupo íbamos a almorzar individualmente como si no nos conociéramos, con la excepción de Tasende y yo que llegamos juntos a tomar el tren y por lo tanto fuimos a comer algo también juntos, allí él me informó del objetivo…”
DESDE PRESIDIO NARRA CON NATURALIDAD

Sobre rieles conoce la noticia, que el joven narraba con naturalidad.
“Se me paraliza el estómago y desaparece el apetito, yo conocía la magnitud y fortaleza de ese objetivo por haber estudiado en Santiago de Cuba durante varios años. Tasende riéndose me decía ´come, Raulito, que mañana no vas a tener tiempo´ yo seguía tomando solamente pequeños sorbos de cerveza. Durante el viaje todo lo miraba con esa avidez que despierta el sentimiento de la última vez. Me alegraba infinitamente volver a ver esos lugares conocidos por mí, y, sobre todo, que el teatro de los acontecimientos sería Oriente, mi tierra natal”.
La llegada a Santiago de Cuba a media tarde, el recibimiento hecho por Abel Santamaría y Renato Guitart, el hospedaje en el hotel Perla de Cuba, la fugaz estancia en la instalación… “Allí nos repartimos en unos cuartuchos del primer piso, y mientras unos esperaban con paciencia su turno para asearse un poco, aprovechando el único lavabo que había en el piso, otros nos echábamos en las camas para descansar un rato.
“Alrededor de las siete de la noche fuimos para el restaurante del hotel donde el diligente Abel Santamaría había ordenado preparar un suculento arroz con pollo, allí, entre tragos, risas y música, celebraban los carnavales algunos santiagueros”.
Su recuerdo sobre los demás compañeros: “Rostros alegres, serenos, decididos, que nada tenía que ver con el Carnaval”. Al terminar la comida, esperan la recogida para el combate.
“Cada pequeño cuarto tenía solo una cama y en la que a mí me tocó me recosté con ropa y zapatos y con ambas manos detrás de la cabeza, los ojos fijos en el alto techo del viejo hotel y la cabeza llena de pensamientos esperaba que transcurrieran los minutos más lentos de mi vida”.
En aquella espera, aparece el episodio del español y la prostituta, escuchado desde su habitación… a las palabras de amor le siguieron la inconformidad del hombre por el alto precio del servicio.
Mas, una nota triste contiene su evocación: “De los 18 que formábamos ese grupo, al frente de los cuales venía el compañero Tasende, creo que solo tres regresamos con vida”.
“A medida que pasaban las primeras horas de la noche seguía desarrollándose con creciente intensidad el carnaval santiaguero”.
TAMBORES SILENCIADOS POR LOS DISPAROS
“Con ritmo frenético sonaban los cueros de los tambores cuando, próxima ya la medianoche, se apareció un …enlace de nuestro improvisado cuartel general, situado en la carretera entre Santiago y Siboney; Fidel nos mandaba a buscar. Minutos después nos encontramos con él y el resto de los compañeros, estaba tocando a su fin el sábado 25 de julio y dentro de pocos minutos comenzaría un nuevo día, el domingo 26 de julio de 1953”, en combate.
En junio de 1963, el propio Raúl afirma en Bohemia, donde aparecen estos recuerdos: “El resto de la historia ya todos la conocemos, breves horas después dejaron de hablar los tambores al ser silenciados por el idioma de los primeros disparos con los que se iniciaba una nueva etapa en el proceso de luchas de nuestro pueblo”.
“Dejó de correr la bebida para dar paso a la sangre inquieta de los primeros jóvenes que caían frente a los muros imponentes del Moncada. Con aquella primera sangre vertida, se dejaría iniciado el método correcto y fundamental de lucha de nuestro pueblo para destruir el andamiaje, en forma definitiva, del sistema económico, político y social existente en nuestro país”.
¡Qué lejos estábamos todos de imaginarnos, en aquellos instantes, –subraya Raúl en esa ocasión– que, durante ese amanecer del 26 de julio, se había iniciado el comienzo del fin del capitalismo en Cuba!
Quien fuera al Moncada como soldado, no como jefe, pero su arrojo en la acción del Palacio de Justicia, con Léster Rodríguez Pérez al frente del grupo de seis combatientes, lo convierte en líder natural por ser el primero al bajarse del carro, desarmar a los guardias que enfrenta y reducirlos.
Pero de este y otros momentos –de los cuales no relató por su habitual modestia, pero supimos por sus compañeros de lucha– conocerá en próximo trabajo.
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