Una reflexión por el Día Mundial de la Población desde la Isla de la Juventud, que envejece en bloque, pero rejuvenece sueños

Al Día Mundial de la Población, que se celebra cada 11 de julio, arribamos los cubanos con retos por delante ante fenómenos complejos, pero con la certeza de peinar las canas en una nación que tiene entre sus pilares tiene la prioridad por el Estado al envejecimiento poblacional y la dinámica en este ámbito.
Se impone esta reflexión por la fecha desde la Isla de la Juventud, que envejece el bloque, pero rejuvenece sus sueños y la voluntad de seguir naciendo en el tiempo y su espacio renovado.
Lo más adverso es que todo transcurre en medio de complejidades sin precedentes y un criminal bloqueo económico y energético que limitan el alcance de la estrategia proyectada con los objetivos encaminados a estimular la fecundidad y buscar el empleo de las personas aptas para trabajar y a atender las necesidades de la creciente población de 60 años y más.
Como parte del Programa de Atención a la Dinámica Demográfica del país se destinan millonarias sumas de pesos del presupuesto del Estado para acciones constructivas en las viviendas de madres de tres hijos o más menores de 17 años. La medida pretende contrarrestar el decrecimiento de la población.
Este subsidio se entrega al Gobierno del municipio, su órgano colegiado: el Consejo de la Administración Municipal, que estudia cada caso junto con las direcciones de la Vivienda, Salud Pública, y Trabajo y Seguridad Social.
Como parte de la política integral para enfrentar el envejecimiento y la baja natalidad, rigen dos Decretos-ley y cuatro resoluciones con nuevas garantías para la maternidad, beneficios económicos para la mujer trabajadora y un reforzamiento de la familia en el cuidado de los menores.
Sin embargo, el envejecimiento poblacional no es un fenómeno por enfrentar, sino que se necesita atender, aprovechar mejor los recursos laborales existentes y adaptar con celeridad las estrategias económicas del país con la visión humanista que identifica a nuestro sistema social.
Las estadísticas reflejan un alto saldo migratorio externo negativo, al igual que un bajo número de nacimientos, el menor de las últimas décadas, mientras el número de defunciones generales se ha incrementado.
Respecto a la tasa de fecundidad adolescente –un problema social que requiere de una atención multidisciplinaria– aunque desciende con respecto a 2023, continúa siendo un indicador elevado entre las mujeres de 15 a 19 años.
Por tanto, estas dinámicas que impactan de manera significativa en la economía, la seguridad social y otras esferas de la sociedad, inciden en la necesidad de adaptar, por los territorios y organismos, las políticas públicas en aras de afrontar estos y otros retos demográficos.
Cierto que es muy difícil con la situación económica actual revertir esta situación, pero no desiste la voluntad en la asediada Cuba.
¿Qué medidas podrán tomarse para darle un vuelco al serio problema? Diversas, sin dudas, y dependerá mucho de las iniciativas locales que se incentivan en el municipio, sus consejos populares y entidades con nuevas variantes y alentando, sobre todo, a las mujeres en edades de procrear, a que tengan hijos, con el seguimiento necesario en su protección.
Los hogares maternos mejorados y otras acciones en favor del programa materno infantil, que ha permitido no tener muertes maternas en varias décadas ya, testimonian el empeño puesto en este frente que engendra la vida.
Lo admirable es que a pesar de los disímiles obstáculos la nación continúe la prioridad por el Estado ante el envejecimiento poblacional y la dinámica demográfica como parte de su retadora política humanista y de desarrollo económico con justicia social que privilegia a madres e infantes.
Es que los retos de la política demográfica en Cuba no creen en edades ni en bloqueos imperiales como tampoco en el cerco energético que provoca los molestos apagones.
