Un demonio llamado Messias

Jair Messias Bolsonaro es su nombre y se presentó ante sus electores como quien iba a cumplir una gran misión: rescatar al gigante sudamericano. Lo hacía en honor a su segundo nombre, el cual en español significa mesías y en términos del cristianismo se le asocia al salvador o liberador de un grupo de personas o de la humanidad en general.

Para nada le encaja el título de redentor porque en verdad lo único que podrá resucitar será la desatención hacia los más humildes. Craso error cometieron los brasileños al creerle a un hombre identificado con la ultraderecha, quien comparte con su camarada Donald Trump los antivalores de ser racista, misógino y homófobo.

Aún no se ha puesto la banda presidencial, acto que hará este primero de enero, pero ha vociferado su política liberal en lo económico y conservadora en lo que entiende como valores. No solo se ha pronunciado contra los médicos cubanos, ocasionado la digna retirada de nuestro país del Programa Más Médicos, también se atrevió a anunciar recientemente que sacará a Brasil del Pacto Mundial Migratorio y ya había señalado su evasión del Acuerdo de París contra el cambio climático.

Vuelve la nación a recibir un personaje apasionado con la militarización. De hecho Bolsonaro es capitán de la reserva del Ejército Brasileño y aboga por la utilización de la fuerza para la solución de los problemas. Los medios de comunicación ya le han apodado como el “Trump brasileño”, pero su afiliación derechista es ideológicamente más recalcitrante que el presidente norteamericano.

Bolsonaro ha defendido la aplicación de la pena de muerte, la prohibición del aborto y la instauración de leyes menos estrictas sobre la tenencia de armas.

No otra cosa podía esperarse de quien en sus comienzos como diputado federal defendió la dictadura gobernante desde 1964 hasta 1985 y simpatizó con el sanguinario y corrupto peruano Alberto Fujimori.  

“Todos juntos vamos a cambiar el destino de Brasil” fue el primer mensaje difundido cuando se supo ganador de las elecciones. Pero el 55,13 por ciento de los votantes, quienes apostaron por él, ¿serán recompensados por su política?

Por lo pronto, se avizora un ejecutivo diseñado para las minorías, donde prevalezca más el tener que el ser y las posibilidades para los más despojados escaseen o se anulen.

Una gran consternación vive el país porque ha llegado al poder un defensor del uso de la tortura contra opositores de izquierda, y se teme pisotee los derechos humanos, limite las libertades civiles y restrinja la libertad de expresión. A esta realidad se suma el pronunciamiento del expresidente uruguayo José Mujica, quien en una entrevista a la agencia BBC dijo que “las promesas de Bolsonaro pueden ser peores que la realidad”.

No basta con las señales visibles de un caótico futuro mandatario, hasta del más allá le enviaron mensajes a los brasileños. A principios de septiembre fue apuñalado, durante un acto de campaña, por Adelio Bispo de Oliveira, quien al ser detenido dijo que actuó “por orden de Dios”. Quizás fue la forma que encontró el ente divino para advertir la falsedad en la pose de mesías de Jair Bolsonaro.

(*) Colaborador

Isla de la Juventud Opinion
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