Los antiguos romanos fueron de las primeras civilizaciones que cultivaron remolacha (Beta vulgaris) para utilizar sus raíces como alimento.

Es una hortaliza muy energética, aconsejada en casos de anemia, enfermedades de la sangre y convalecencia debido a su alto contenido en hierro; también es rica en azúcares, vitaminas C y B, potasio y carotenos.
En relación con los minerales, es rica en sacarosa, yodo y sodio; contiene en menores cantidades: magnesio, fósforo y calcio.
La remolacha abunda en pigmentos llamados antocianinas, de acción antioxidante (bloquean el efecto dañino de los radicales libres) y le dan su color característico.
Se trata de una hortaliza que puede consumirse cruda, hervida o en conserva. Su uso principal es como ensalada, aunque también puede presentarse sola, mejor si se aliña con ajos o cebolla, aceite, sal y vinagre. Para degustarla cruda, rállela y alíñela pero tenga en cuenta que cocida resulta más digerible.
En tal caso, deben hervirse al menos una hora, según el tamaño, y no más de dos. Una vez cocinadas, le resultará fácil eliminar su piel y adobarla como verdura.
Asadas también pueden hacerse, si las prefiere más tiernas.
