“El sindicato tiene que actuar con criterio propio, tiene que hacerse sentir como el representante de todos los trabajadores, para tener autoridad moral, para exigir deberes y derechos”, alertaba Lázaro Peña González, el Maestro de Cuadros Sindicales como lo calificara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Cuando notaba una desunión en un colectivo, decía: “El sindicato es una escuela de formación, de educación, en donde no se puede rechazar a nadie y en la que hay que admitir a todos”; con ello, buscaba mantener la unidad, además de realzar al trabajador por considerarlo la razón de ser de la labor sindical.
Quienes lo conocieron elogiaban su sabiduría, poder de comunicación, el trato franco. Al llegar a una fábrica sus preguntas usuales al primer obrero que encontrara a su paso eran: ¿Cómo te sientes?, ¿ya tienes hijos?, ¿y el resto de la familia?, ¿qué te preocupa del centro?, ¿cómo te tratan los jefes? Y lo más importante: ponía mucha atención al asunto que le planteaba para darle seguimiento hasta su solución de ser posible.
Para entender los valores éticos y políticos que definieron su ideología y práctica revolucionaria a lo largo de su existencia, que lo convirtieron de humilde tabacalero en uno de los más queridos y admirados líderes del movimiento obrero cubano de todos los tiempos hay que mirar su niñez, su raíz humilde.
Nacido en la barriada habanera de Los sitios el 29 de mayo de 1911, hace 115 años, resulta hijo de Evaristo –carpintero y albañil eventual– y Antolina, despalilladora de oficio. Al quedar huérfano de padre enfrenta los avatares de la pobreza. Transita por oficios como aprendiz de herrero, carpintero, albañil, yesista y operario; de la mano de su madre ingresa en la fábrica de tabacos El Crédito, donde a veces fue lector de tabaquería y aprendió el oficio de torcedor.
Resulta un tenaz defensor de sus hermanos de clase frente a los abusos y la explotación de los patronos, también encara a los gobiernos de turno y elementos divisionistas. Así inició su trayectoria como cuadro sindical y, orgulloso de ser tabaquero, aun cuando ocupaba otras responsabilidades, siempre que tenía tiempo practicaba esta labor con mucho placer.
Su autoridad moral asentada en los años de dura lucha, sumada a su gran capacidad como organizador, le permitieron unir a los obreros del país en un solo núcleo al fundar, en enero de 1939, la Confederación de Trabajadores de Cuba, la gloriosa CTC.
Durante la dictadura de Fulgencio Batista, aún bajo la represión y los encarcelamientos, Lázaro mantuvo su empeño de unir al movimiento obrero, enfrentándose a quienes habían usurpado la dirección de la CTC, hasta que tuvo que marchar al exilio regresando después del triunfo de la Revolución en 1959.
Nuevamente en la Patria querida, asumió otra vez la dirección de la CTC como Secretario General, entonces con la misión de fortalecer al movimiento sindical. Fue miembro del nuevo Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su constitución en 1965.
Acostumbraba a visitar sindicatos y centros de trabajo, participaba en asambleas y lo hacía con la palabra esclarecedora para debatir y analizar cualquier asunto por delicado que fuera. Entre sus aportes medulares enseñaba que para ser contrapartida había que estudiar, permitir que todo el mundo opinara, jamás dejar una preocupación sin respuesta, para lo que era necesario armarse de argumentos, así como practicar el trabajo en equipo, ganar la autoridad con el ejemplo, defender derechos y cumplir deberes.
No resulta casual, que la fecha de su natalicio haya sido la elegida por los tabacaleros cubanos para celebrar su día.
Por todo lo que hizo por los trabajadores cubanos, Lázaro Peña González fue llamado con toda justicia el Capitán de la Clase Obrera, que muy bien puede calificarse también como el centinela de la clase obrera cubana por su liderazgo natural y su afán por guiar a los demás.
Su profundo entendimiento de lo correcto e incorrecto lo hicieron un pilar firme y confiable en la sociedad. Total vigencia tienen hoy sus preceptos cuando sentenció: “Nuestra lucha es por el auge continuo de la economía, la cultura, la ciencia, la defensa, la elevación del nivel de vida del pueblo cubano”.
