Lo demostró hace 65 años el territorio pinero con su contribución a la aplastante derrota yanqui en Playa Girón, según alerta Fidel, entre otros testimonios y lecciones de la victoria cubana

“Playa Girón —no te asombre—/ no es una playa/ ni un nombre. / Es decisión de batalla, /es el lugar sin regreso/ del odio y de la traición”.
Así comienza la poetisa Mirta Aguirre los inmortales versos que titula con el escueto nombre de esa sureña costa matancera, que tiene la inmensidad más allá de lo geográfico y del tiempo.
“Fue allí donde, en carne y hueso, / un pueblo que es todo un hombre, / salvó a la Revolución”, subraya la siguiente estrofa para enfatizar en las líneas finales la eternidad de ese símbolo.
“Y Playa Girón es eso: / es eso, Playa Girón”.
No fue solo historia heroica y pasado glorioso, ni su triunfo quedó solo en esas arenas. Es victoria siempre, de un extremo a otro de la nación y con batallas que tuvieron protagonismo al sur de Matanzas y en el archipiélago de Los Canarreos, donde la entonces Isla de Pinos supo defenderse con dignidad y previsión.
Ese Girón de la historia es continuidad, enseñanza y escudo vivo.
Es convocatoria de movilización permanente, nacional e internacional contra el imperio que pagó a los criminales que hace 65 años invadieron la Patria y hoy prosiguen amenazando y financiando terroristas contra un pueblo que defiende su destino.
Pero Girón sigue asombrando con lecciones en todos los espacios.
A 65 años, Playa Girón sigue aleccionando que las grandes victorias empiezan a ganarse mucho antes de los combates, como testimonia el territorio pinero, hoy Isla de la Juventud, y hacia donde las autoridades yanquis enfilaron inicialmente su invasión.
FORTALECIMIENTO PREVISOR
Días después de la aplastante victoria cubana del 19 de abril de 1961, Fidel aclara: “En un principio, al parecer las intenciones del imperialismo eran apoderarse de Isla de Pinos y liberar allí a los criminales de guerra y los contrarrevolucionarios que estaban presos, para disponer de un personal humano con que engrosar inmediatamente el ejército de invasión y apoderarse de un pedazo de territorio nacional, una isla, planteándonos a nosotros la dificultad de tener que recuperarla con los recursos escasos con que nosotros contábamos, de Marina y Aviación”.
La temprana comprensión de esas posibilidades y el descubrimiento de los planes enemigos, llevaron a adoptar previsoramente medidas desde finales de 1960, para fortalecer ese territorio.
Quien fuera designado al frente de esa tarea aquí, el general de brigada (retirado) William Gálvez Rodríguez, comenta en entrevista a este periodista que “de tal manera se fortaleció esta región…, que en una de las frecuentes llamadas del Comandante en Jefe para indagar sobre esos preparativos, le dijimos que todo marchaba bien y al preguntarnos si necesitábamos algo más, yo le expresé que mandara todo lo que quisiera, pero que tuviera cuidado porque la Isla se iba a hundir de tanto hierro…”.
Menciona entre las medidas “la creación de nuevas unidades de milicias y regulares, poner en sus manos las armas ligeras y pesadas que llegaron, como tanques T-34, cañones autopropulsados SAU 100, obuses y medios artilleros e intensificamos la preparación de las tropas y del pueblo, que fortaleció su vinculación con los combatientes…”.
“Nunca olvidaré cómo yo manifestaba jocosamente por aquellos días en que me dieron la misión de que se trataba de mi regalo de reyes, al ser en enero del 61”, rememora durante un recorrido por el escenario que décadas antes, al decir de Fidel, “hacía invulnerable Isla de Pinos a cualquier ataque”.
De hecho, se obligó a los invasores a desistir de ese lugar inicialmente ventajoso para ellos, “porque nosotros -rememora el joven líder- los refuerzos que hubiésemos tenido que llevar …en medio del combate los llevamos antes de que atacaran. Y desde hacía muchos meses íbamos fortaleciendo… Isla de Pinos…”.
Así contribuían los defensores de la segunda ínsula, a asestarle al imperio su primer gran revés en el hemisferio durante una batalla que devino primer capítulo por el Socialismo, proclamado aquel 16 de abril, en el entierro de las víctimas bombardeadas el día antes.
HEROÍSMO CONTRA AVIONES MERCENARIOS
Mas, el territorio igualmente dio muestra de heroísmo pocas horas después de lanzada la invasión por Matanzas, cuando el 17 de abril de 1961, los marineros del Baire, que custodiaba el litoral, se enfrentaron a los aviones agresores frente a playa Bibijagua.

Desde las lomas aledañas también se rechazó con cerrado fuego antiaéreo la incursión enemiga, que ante la imposibilidad de descargar su mortífera carga en Playa Larga y Playa Girón, intentó hacerlo en los Canarreos cuando retornaban a Centroamérica.
Los aparatos mercenarios huyen con uno dejando una estela de humo, luego de ametrallar a los marineros Juan Alarcón Rodríguez, de 23, y Armando Ramos Velazco, de 22, y dejar a ocho heridos.
Días después los marineros del Baire, evoca uno de ellos –Enrique Pérez Arzuaga– nos sumamos con pescadores y demás fuerzas a capturar mercenarios que huían por estos mares, tras su derrota.

Más de 50 invasores, junto a sus medios, se apresaron en la zona, y puestos a disposición de la justicia, como prueba de la agresión.
Digna fue también la respuesta dada por los jóvenes artilleros defensores de Cayo Largo del Sur, donde desafiaron el más moderno armamento yanqui e impactaron con sus proyectiles a F-106 el día 18 de abril, mientras otro avión fue averiado y perdió su tren de aterrizaje, al siguiente día, coincidiendo con nuestra victoria.
Uno de aquellos jóvenes, José Pérez Marín, rememora la misión encomendada de proteger ese enclave con su batería antiaérea de 12,7 mm, después de prácticas de tiro en Pinar del Río, y agrega que en “ese apartado lugar enfrentamos también los movimientos provocadores y amenazantes de unidades navales, pero lejos de amedrentarnos, robustecimos el espíritu de lucha…”.
AGRESIÓN DE MENTIRAS
Aunque a la desinformación contra la Revolución había recurrido la prensa yanqui desde los primeros días de 1959, quizás nunca alzaron su prensa libre a mentiras tan burdas como en esos días.

Desde el primer día de la invasión, sobreilusionados del relativo fácil avance de los agresores en sus inicios a costa de su poderoso armamento, la agencia Associated Press –AP– cablegrafiaba desde Miami, la noticia de que “…Isla de Pinos fue tomada por los rebeldes y 10 000 prisioneros políticos fueron puestos en libertad y se plegaron a la rebelión”, cuando lo más que hubo fue el bombardeo por un avión mercenario mientras huía.
Claro, por rebeldes identificaban a los mercenarios y como prisioneros políticos a los contrarrevolucionarios sancionados en el territorio, que sí estuvo en los planes iniciales de agresión por sus favorables condiciones, la previsión de Fidel y el reforzamiento militar, obligaron al enemigo a variar sus planes en otra dirección más desfavorable para ellos.
Radio Swam, al hacer alusión a la “toma” de la ínsula por los mercenarios, repitiendo a la AP, agrega a la mentira, que aún quedaba un grupito de milicianos en las lomas.
Cuba se impuso no solo con las armas y el pueblo, sino también con la verdad y las razones empuñadas frente al Terrorismo de Estado yanqui y a sus mercenarios de entonces como ahora.


