
Uno de los licores cubanos más distintivos es la Guayabita del Pinar, registrado como marca desde 1999 en diez países, entre ellos Rusia, Francia, Polonia, Portugal, China, Vietnam e Italia. Todos con excelente cultura y tradición licorera. Mercados a los cuales nunca se ha logrado satisfacer, debido a la restringida producción que permiten las áreas donde crece esta planta, exclusiva de Pinar del Río. Y la Isla de la Juventud…
Se trata de un arbusto (el Psidiumsalutare) que va desde los 50 a los 230 centímetros (cm) de altura, y tallo de unos 10 cm. Las ramas jóvenes son de color verde, redondeadas o cuadrangulares. Sus frutos son bayas subglobosas de hasta 1,5 cm de diámetro, de 0,9 a 1,8 gramos de peso, de color siempre verde. Al madurar son comestibles y presentan una media de cuatro semillas.
Crece en bosques de pinares sobre suelos ferralíticos, cuarcíticos, generalmente lixiviados y pobres en nutrientes. Fue abundante en las sabanas y semisabanas, pero el desarrollo de estas áreas al ser incorporadas a otras producciones las ha desplazado a lugares poco accesibles.
La Guayabita del Pinar –bebida única de su tipo en el mundo– es un sabroso licor de Vueltabajo, mezcla de aguardiente y azúcar con el fruto del guayabo pequeño que crece silvestre en la región. Considerada como patrimonio intangible, recoge la tradición de los antiguos vegueros pinareños, quienes la consumían como bebida casera, de preferencia en los meses de frío.

Un joven vizcaíno, Julio Garay Zabala, determinó sus proporciones exactas y lanzó a la fama en 1892. El producto que lograra entonces tiene, a partir de 1987, certificación de Marca de Calidad Superior. Y Medalla de Oro en la Feria Internacional de Plovdiv, Bulgaria.
Un renglón exportable nunca aprovechado por los licoristas pineros, teniendo exactamente las mismas condiciones que los pinareños para incrementar su producción nacional.