Dignidad de un canciller

Imposible olvidar sus brillantes discursos y cruciales debates en la sede de organismos internacionales en defensa de la Patria, actuaciones que le hacen merecedor del apelativo de Canciller de la Dignidad dado el reconocimiento, respeto y admiración de su pueblo y el orbe.

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Incontables veces el doctor Raúl Roa García con su verbo elocuente y mordaz deja en vilo a quienes tratan de menoscabar la soberanía de Cuba, durante los años en que libra cardinales batallas diplomáticas frente a los representantes del imperialismo estadounidense.

“El mérito no es mío, es de la Revolución Cubana, que yo represento”, así suele decir cuando lo felicitan por su éxito en alguno de esos espacios a los que concurre en funciones propias de su cargo al frente de la diplomacia revolucionaria.

En el XV Período de sesiones de la Organización de Naciones Unidas (Onu) en Nueva York, denuncia los bombardeos de las últimas horas a los aeropuertos cubanos de San Antonio de los Baños en La Habana, y al de Santiago de Cuba, aquel 15 de abril de 1961.

Los ataques los ejecutan aeronaves B-26 de fabricación estadounidense con las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria pintadas en sus fuselajes para destruir los pocos aviones en tierra destinados a la defensa del país. Pretenden mostrar al mundo que los agresores eran militares cubanos, desertores sublevados contra el triunfante proceso revolucionario.

El representante de Cuba al respecto refiere: “Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia”.

En los altos de la casa situada en Carlos III número 205, la Víbora, Ciudad de La Habana, nace Raúl Roa García el 18 de abril de 1907. Recibe en su infancia un cariño y ternura infinita de su madre María Luisa García. Su padre, Raúl, modesto empleado público, es hijo de Ramón Roa quien fuera teniente coronel del Ejército Libertador, de profunda ideología mambisa, ayudante de Ignacio Agramonte en 1868.

Estudia hasta el bachillerato en el afamado colegio religioso Champagnat, de la Víbora. Resulta un alumno brillante y, al mismo tiempo, es un chico que comparte el papalote, el patín y la bicicleta con los niños del barrio.

Raúl es alto, delgado, simpático, nervioso, buen amigo, gran importancia le concede en su formación, a sus lecturas juveniles. Le gusta la pintura y el juego de pelota en el que se destaca como primera base, aunque era mal bateador.

En 1925, ingresa Roa en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, donde conoce a Julio Antonio Mella. Es un gran estudioso de la obra martiana y a los 18 años escribe su primer artículo titulado: Ensayo sobre José Martí, donde puede observarse la madurez política que iba obteniendo durante su crecimiento intelectual.

Participante activo contra los males sembrados en Cuba por la dictadura de Gerardo Machado, declara años después, cuando es ministro de Relaciones Exteriores de Cuba: “Descubrí que era revolucionario el día que me sentí disconforme con el mundo restante y anhelé uno más justo y bello: Julio Antonio Mella contribuyó decisivamente en ello y, acaso también, el sedimento inconsciente de mi progenie mambí, a la sombra iluminada de mi abuelo, Ramón Roa”.

Ante los retos de la Revolución triunfante en enero de 1959, Raúl Roa se convierte en el mejor intérprete de las concepciones sobre la diplomacia revolucionaria, al tiempo que señala que a esta le corresponde “deberes y responsabilidades congruentes con su naturaleza democrática, proyección continental y trascendencia universal”.

“Roa sabe siempre interpretar en forma cabal la línea y las posiciones de Fidel. (…) No se podrá escribir la historia de la diplomacia moderna en el mundo, sin recoger las luchas y la obra que en este campo llevó el Canciller de la Dignidad”, señala el ya fallecido revolucionario cubano Armando Hart Dávalos.

De Roa destaca su capacidad para insertar a Cuba en un nuevo ámbito internacional en el que se pronuncian los principios revolucionarios, anticolonialistas, de lucha por la independencia de Puerto Rico, de fomentar las relaciones con la renaciente África y el Movimiento de los No Alineados.

Contribuye de manera decisiva a formar a toda una generación de diplomáticos, a consolidar al MINREX como un organismo digno de la entonces joven Revolución triunfante y, sobre todo, a conformar una escuela de política exterior que no solo dura hasta nuestros días, sino que se proyecta hacia el futuro.

Fallece el seis de julio de 1982 y, a la distancia de 44 años de su partida física, su legado representa un símbolo y principios de la política exterior que defienden las generaciones de funcionarios y trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, lo cual cobra total vigencia ante las amenazas del gobierno de Estados Unidos de una agresión militar a Cuba.

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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