Cultivo de cobertura se denomina al que complementa la siembra tradicional. Puede entenderse en dos formas, sembrado solo para proteger la superficie de la tierra o la hierba que luego de cortada se esparce sobre ese suelo.
Veámoslo, en esta reseña, referido al segundo concepto.
El suelo, su capa fértil (de 15 a 30 centímetros), es una riqueza inestable que se degrada con el tiempo y tiende a ser cada vez menos productiva. Por eso conviene protegerla, en este sentido uno de los métodos más baratos y eficaces es el de arroparla con la hierba que cortamos.
Con ello se controla mejor el brote de malas hierbas e incrementa la materia orgánica, protegemos de la erosión y disminuimos la incidencia del viento y el sol. Al mismo tiempo, se disminuye la evaporación lo que permite espaciar riegos y ahorrar agua, un recurso siempre escaso.
Estrategia que incluso podemos mejorar si se realiza la cobertura utilizando acículas (hojas lineares) de pino macho. Estas, además de los beneficios ya relacionados, se descomponen y segregan sustancias herbicidas, de efecto mucho más potente que una simple cobertura.

