Lúa lleva días inquieta, ha hecho que su abuela le planche el uniforme rojo y blanco una y otra vez, debido a los incontables momentos que se lo ha puesto frente al espejo como si fuera la ropa de vestir recién comprada; como si fuera la súper modelo.

La pequeña no puede ocultar ese hormigueo convertido en emoción que le provoca la cercanía del curso escolar 2026-2027, el que transcurrirá en un contexto marcado por apagones, falta de uniformes, cuadernos, deterioro de la infraestructura de algunas instituciones educativas y hasta con los propios avatares de la vida cotidiana.
Sin embargo, ni la pequeña Lúa ni muchos de los niños que entran por vez primera, e incluso, de los continuantes es posible que se detengan en esos detalles porque los envuelve la curiosidad, lo nuevo, el deseo de aprender o reencontrarse con los compañeros de clases o maestros.
La apertura de este periodo lectivo trasciende. Será otra prueba más de la carrera de resistencia a la cual nos obligan a transitar, sobre todo desde que colocaron al país en otras listas, lo someten a restricciones, sanciones y un cerco de combustible como nunca antes en la historia pusieron a otra nación.
Es cierto, será tenso y con no pocos obstáculos. Sí, porque habrá aulas a oscuras, poco ventiladas por el intenso calor, escasas horas de práctica y hasta no se dispondrá del almuerzo adecuado, lo cual obliga a una superior disciplina, organización, comprensión y colaboración.
A todo lo anterior se suma el déficit de maestros, uno de los principales problemas que enfrenta el sector, agudizándose todavía más en estos últimos años de mayor crisis, por lo que habrá educadores con más horas clases y sobrecarga docente, haciendo malabares para lograr el aprendizaje.
Puede que la apertura de este curso sea una osadía y yo bendigo esa osadía que no renuncia al conocimiento y enaltece la pasión por enseñar.
Mientras tanto Lúa y cientos como ella mantienen vivo su entusiasmo por el retorno, ese que anuncia el bullicio en las aulas y los pasillos, ese que se pinta de desafío y victoria, ese que en medio de tantas carencias será canto tierno de amor por la enseñanza.
