Si una tarea hoy no puede ser formal ni rutinaria es la relacionada con la defensa del país, desde el lugar que corresponde a cada cubano y en los más diversos frentes.

En el actual contexto del recrudecimiento del bloqueo del gobierno estadounidense contra Cuba, que incluye la amenaza de acciones militares directas y agresiones psicológicas para amedrentar, confundir y desunir a la población, la preparación de esta para la defensa territorial sigue siendo de “enorme prioridad”, como subrayara el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante reciente jornada nacional de este frente en la capital del país.
Los ataques enemigos forman parte del Manual de Guerra No Convencional de las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de EE.UU. que contempla acciones financiadas desde el norte como las subversivas y de sabotaje, planes de desestabilización que prevén hasta huelgas, atentados contra los principales dirigentes, demostraciones contrarrevolucionarias, desinformación y rebelión.
El documento doctrinal más actualizado de EE.UU. cita el caso de Cuba, como “Ejemplo selecto de actividades de Guerra No Convencional patrocinadas por EE.UU.”
Confirman la estrategia los disturbios del 11 de julio de 2021 y otras acciones de malestar atizadas hoy aquí después de varios días de incomunicación por daños en un cable submarino de telecomunicaciones, que en vez de atenerse a informaciones oficiales en la solución de averías, odiadores y desinformados se confabulan para echar más mentiras, ofensas y leña al fuego de problemas agravados por carencias energéticas y económicas causadas precisamente desde el norte, para avivar el descontento y la desesperación que desemboquen en las provocaciones que necesitan para sus planes anticubanos.
Siguen ratificando así la continuación de las agresiones imperiales desde hace más de 60 años, pero que se estrellan siempre con la resistencia del pueblo y la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo que da posibilidad a cada ciudadano de tener un lugar, un medio y una forma de luchar frente al enemigo hasta lograr la victoria.
Tal es la concepción estratégica para la Defensa Nacional, que resume la experiencia histórica en lo relacionado a enfrentamientos contra enemigos superiores en número y tecnología.
Esto se traduce en no favorecer ingenuamente las trampas promovidas por el imperio -pues son muchas las situaciones que aprovechan- y en activar a tiempo las estructuras militares y políticas comunitarias, como Zonas de Defensa y Consejos de Defensa, con el empleo variado y eficiente de los recursos materiales y morales del Sistema Defensivo Territorial.
Mas, no sólo tienen en cuenta las actividades militares ni su componente armado, sino el paso de la economía y la vida de tiempo de paz a tiempo de guerra, agrupando por igual a tropas regulares, formaciones especiales y Milicias de Tropas Territoriales, con el necesario mando centralizado, pero con la necesaria flexibilidad operativa y táctica.
Tal es el fundamento de la Doctrina Militar del Estado Cubano que expresa la solución de masas dada por la dirección de la Revolución a los problemas y desafíos de la Defensa Nacional.
Algo que dejó muy claro Fidel es que, en caso de agresión, cada cubano sabe lo que tiene que hacer y es un comandante en jefe, ideas que van acompañadas del principio cardinal para todos los combatientes: ni rendición, ni capitulación ni derrota.
“. . .Y cuando cada casa sea una fortaleza, cuando cada calle, cada árbol, tenga un hombre que lo defienda y los obreros sepan combatir y cuando al lado de esa fuerza, esté la fuerza de los campesinos, en cada cooperativa, en cada pedazo de tierra… ¿Quién podrá vencer esta Revolución?”, insistía el Líder Histórico.
Para la protección de la población, además, se identifican y mantienen obras y lugares de protección, aseguran su empleo y facilitan la evacuación o refugio en situaciones de emergencia.
Igualmente se incorporan áreas para la producción de alimentos, el abastecimiento de agua y la gestión de residuos, con el fin de sostener la comunidad en tiempos de guerra. También fomentan la vigilancia comunitaria y el trabajo preventivo contra delitos y en apoyo a la Defensa Civil y a las organizaciones participantes.
Entre las estrategias comunitarias que hoy aglutinan el importante quehacer está el movimiento Mi Barrio por la Patria que articula tres frentes estratégicos, el de Barrio Seguro: defensa, seguridad y protección del entorno, el de Barrio Productivo: para fomentar la producción local y servicios encaminadas a satisfacer necesidades del barrio, mientras Barrio Participativo se encamina a la transformación y fortalecimiento del trabajo popular.
Tales frentes se adaptan a las condiciones locales en la actual batalla de resistencia heroica y aseguran la defensa territorial, multidimensional y participativa con el activo concurso popular.
En síntesis, el barrio además de espacio de vida cotidiana, es centro de defensa nacional.
Su rol vital está en la movilización permanente de la población, la descentralización de la seguridad y, sobre todo, la capacidad de resistencia prolongada frente a las amenazas, pues los cubanos tenemos muy claro ¿dónde y cómo preparamos la victoria?
