La infancia es un territorio de luces largas y memorias que no se apagan. Para Yuniesky La Rosa Pérez, el deporte fue ese horizonte. Cada viaje a Vueltabajo durante las vacaciones era un ritual de alegría, un espacio donde la pelota se convertía en el centro de su universo. Allí, entre primos y juegos, la presencia de su tío materno el lanzador Carlos Pérez Vera, siempre traía consigo a grandes estrellas del béisbol nacional como Pedro Luis Lazo y el zurdo de San Juan y Martínez, Omar Ajete, se convertía entonces la casa y los entrenamientos en escenarios de admiración. Verlos desplegar su maestría en el diamante era asistir a una ceremonia de fuerza y destreza. “Imagínate, de pronto encontrarse uno entre campeones, qué honor”, recuerda con inmensa emoción.

Con solo 11 años se convirtió en lector de periódicos, en un principio interesado por las notas deportivas, prefería los diarios Juventud Rebelde, Granma, Victoria y el semanario Orbe, después lo importante era disfrutar de la lectura. “En aquel tiempo no sabía nada de géneros, para mí todo era lo mismo”, nunca pensó que un día llegaría a ser periodista. A la vez, esperaba diariamente las informaciones en el Noticiero Nacional de Televisión, convirtiéndose en el televidente más deportivo de Nueva Gerona.
De esas experiencias brotó, años después, la vocación de narrar. El béisbol le enseñó que detrás de cada jugada surgía una historia, detrás de cada triunfo un esfuerzo colectivo y detrás de cada derrota una lección que merecía ser contada.
La vida lo llevó por caminos arduos. Abandonó los estudios en 11no. grado y comenzó a trabajar en el aserrío cargando troncos inmensos. El cansancio no lo doblegó, pero era tan joven como grandes sus deseos de ascender en la vida. Más tarde, durante el servicio militar, con 18 años, lo eligieron para redactar e informar el acontecer político a sus compañeros en los matutinos de la unidad. “Se me daba bien”, confiesa. Ese hallazgo fue el catalizador de su verdadero oficio por llegar.
En 2002 ingresó al Curso de Superación Integral promovido por el Comandante en Jefe Fidel Castro, alcanzando el 12 grado y luego comenzó en la Sede Universitaria Municipal (Sum) la carrera de Comunicación Social adscripta a la Universidad Jesús Montané Oropesa. Fue a partir de un trabajo práctico en primer año, junto a Alexis Rúa, Osmani Castro, Magdi Puig y Liliú Cruz, que el profesor Sergio Rivero y la jefa de Redacción del periódico, Matilde Campos, les propusieron vincularse laboralmente al medio de prensa territorial que ambos representaban.
Como era requisito indispensable estar asociados a un centro afín a la carrera, comenzaron en el periódico Victoria. Poco a poco se integraron al colectivo. Al inicio le sugirieron desempeñarse como fotorreportero, y aunque le gustó, su inclinación era escribir, como también les sucedía a Alexis y Magdi. Desde el primer año los entrenaron como futuros periodistas, sembrando en ellos confianza, disciplina y pasión por la palabra impresa.

Fue una suerte inmensa contar con el apoyo y experiencia del también entonces director Sergio Rivero; Mayra Lamotte, la jefa de Redacción; el periodista Alexis Quiala y de Pedro Blanco, jefe de Información en aquel momento. Todos ellos, entrañables compañeros, jamás marcaron distancias, al contrario, les asignaban sectores y enseñaban cómo ser más efectivos y mejores dentro del periodismo.
“El primer trabajo que hice”, recuerda, “fue una información sobre el poligráfico. Tuve que subir y bajar la escalera cinco o seis veces porque Mayra, muy exigente y exquisita, me decía: ‘Ve y pregúntale esto, verifica bien la fuente, cada dato es significativo’. Y yo iba de aquí para allá, de allá para acá. Fue una experiencia bonita, porque a partir de ahí me enseñó muchísimo. Eso nunca lo olvidaré”.

Ellos se adentraron en las técnicas periodísticas prácticamente desde cero. Gracias al estilo y método de trabajo de correctores, del colectivo del Informativo y diseñadores, funcionaban como un todo, y crecieron en un ambiente de colaboración cercana. “Desde el primer momento percibí la hermandad y el espíritu de compañerismo que aún hoy disfrutamos, tras casi veinte años de permanencia en el Victoria, algo que considero de las mejores cosas que me han sucedido en la vida. Ese apoyo incondicional, ese ‘uno para todos y todos para uno’, es una hermosa razón para permanecer aquí”.
Como en cualquier ámbito, pueden surgir inconformidades, pero siempre se atienden con respeto y colaboración mutua, lo que permite crecer profesionalmente y hacerse mejores personas. Sergio Rivero, como director y profesor, les abrió las puertas y confió en ellos como un padre. Matilde Campos, jefa de Redacción, junto a periodistas de gran trayectoria como Quiala, Mayra, Gloria Morales y Karelia Álvarez, compartieron sus magníficas experiencias. Emilio Pérez, con su amplia capacidad, y los correctores, Niurka, que aún permanece, Raúl y Olguita fueron parte esencial de la consolidación. En fotografía, recibieron herramientas que les han servido durante años para elevar la calidad del trabajo, hacerlo más atractivo, intencionado y expresivo.

Se graduaron como Licenciados en Comunicación Social en el año 2011 trabajando en el periódico, lo que les aportó muchísimo en lo profesional y en lo personal. Con el tiempo llegaron nuevas responsabilidades: integró la Comisión de Calidad, evaluó el trabajo de colegas con respeto y transparencia, lo que significó una experiencia enriquecedora, porque le permitió comprender mejor cómo funcionaba cada detalle antes y después de la publicación, así como asegurar que el producto final llegara a los lectores con la calidad que merecen.
Llegó al Victoria siendo militante de la Unión de Jóvenes Comunistas y durante un tiempo fue secretario de su comité de base. Gracias a los méritos y la trayectoria de trabajo, alcanzó la doble militancia y actualmente es secretario general del núcleo del Partido en el centro, responsabilidad que ejerce hace diez años.
El periódico es su escuela y hogar. Desde aquel primer trabajo corregido minuciosamente por Mayra Lamotte, aprendió que el periodismo es disciplina y hermandad. “Soy mejor persona, entre otras cosas, gracias a que entré al periódico”, afirma con gratitud.
Durante casi dos décadas ha vivido de forma intensa el pulso de la redacción, consolidando sus responsabilidades políticas, los cierres de madrugada, la digitalización, las coberturas de ciclones, la pandemia de la Covid-19, el salto al color y la reinvención en redes sociales. El suplemento Canarreos lo llevó a conocer e interactuar en comunidades, donde descubrió que las noticias de mayor impacto son las que atienden problemáticas e insatisfacciones, así como los temas peliagudos de la gente que necesitan una respuesta real y socialmente útil.

Su formación le dio herramientas para abordar integralmente el deporte, la educación, cultura, la vida social y la defensa. Pero es su sensibilidad la que lo distingue: su oído atento a la voz ciudadana y una mirada que rescata con sabiduría la dignidad de lo cotidiano. Sus trabajos no se limitan a informar: buscan que el lector se reconozca en cada historia, que sienta que su vida también merece ser contada y atendida en medio de la vorágine local.
Entre los múltiples reconocimientos, sobresalen su participación en 2018 como delegado directo a la Primera Conferencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura. Ostenta la Distinción Félix Elmuza que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), la Medalla Raúl Gómez García del Sindicato de la Cultura; ha obtenido en varias ediciones el Premio Félix García Rodríguez por la Obra del Año en Prensa Escrita y también galardonado en el apartado de Prensa Escrita del Concurso Periodístico Rodolfo Carballosa in memoriam (2024–2025), ambos auspiciados por la Upec pinera.

Además, ha sido congratulado por la cobertura del Festival Deportivo Escolar 2026 y la clausura del Curso 2025–2026, donde reflejó tanto la dimensión competitiva como el esfuerzo humano de maestros y estudiantes.
“Mientras me acompañen las fuerzas y la energía, seguiré entregando mi voz al periódico, porque en él reconozco mi casa y mi gran familia”, afirma convencido. La suya es la historia de un niño que soñó entre pelotas y con ser útil, y que halló en la escritura la manera más noble de narrar la vida de su pueblo.
Su sello en el periodismo pinero, en el espacio deportivo, los suplementos deportivos y culturales, en las crónicas sociales e incesante creación y promoción de lo cubano en las plataformas digitales, nos recuerda el valor de nuestra juventud, sobre todo, cuando se siente comprometida con su tiempo y la patria.




Colaboradora (*)
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