El hogar materno Matilde Villalonga, acoge a las gestantes del área de salud más extendida y dispersa de todo el territorio pinero. Radica en la segunda planta, a la entrada del complejo turístico santafeseño que fuera inaugurado en 1958 como motel Santa Rita, extensión del hotel de igual nombre.
La licenciada en enfermería Yanet Cabrera Céspedes, siente tener allí vivienda propia. Y es su mirada experta la que nos lleva a conocer las interioridades de esta institución de salud donde, como establece el principio martiano, la madre es el sostén de la vida.

“Tenemos 12 camas instaladas, aunque no es el máximo de nuestra capacidad; podemos incrementarla, armando otras si hiciera falta. Y disponemos de todo el equipamiento médico para la atención a las embarazadas.
“La institución fue remodelada recientemente y el mobiliario es nuevo… además, se le acaban de agregar paneles solares. No suficientes, pero permiten una estabilidad mayor en el servicio a pacientes y trabajadores.
“El equipo de trabajo lo forman cuatro enfermeras, y la jefa de servicios que es enfermera también; lo que nos permite una atención ininterrumpida, con una enfermera en cada turno de trabajo” “Asimismo, y esto es muy importante, todas son madres, saben por experiencia personal lo que es estar embarazada y luego subirse a un sillón de parto. Y en este servicio, todas tenemos más de 10 años de experiencia.
“Los ingresos son por decisión médica, en dependencia del estado que presente la gestante; paciente bajo peso, sobrepeso materno, riesgo de CIUR al nacer, embarazadas a término que viven en zonas o poblados distantes (son los denominados ingresos geográficos) y alguna patología que lo requiera.
“No estamos exentos de que, para una paciente, en específico, nos falte uno u otro medicamento como ocurre a cualquier persona fuera de esta institución. Es la misma situación que confronta el resto del país, pero los más importantes, puesto que se trata de un programa priorizado, siempre están a mano”.

“Contamos con grupo electrógeno y panel solar, este último es pequeño… solo alcanza para los equipos. Y nosotras pasamos extensiones desde el cubículo hasta las camas para tener, al menos, un mínimo de luz durante los apagones.
“Hay que buscar alternativas. Lo que me preocupa es que alguien se pueda enredar de noche y caerse con esos cables. Es un peligro, para los equipos y para las embarazadas.
“Llevo apenas 15 días aquí. No hago ejercicios porque estoy encamada, por cerclaje cervical, pero sí hacen su entrenamiento, guiadas por una profesora de Educación Física, las que están a término; también hacen caminatas todas las mañanas.
¿Visitas? “¡Mi esposo Favelo, obligado! (RISA) Él viene todos los días después de almuerzo.
“La alimentación como en todos los lugares. Un turno bueno y otro malo, pero mayormente bueno. La diferencia está en la elaboración de los alimentos, no por el menú. El menú tiene calidad, siempre hay plato fuerte y variedad.
“Para mí, la rutina diaria es… ¡encamada todo el tiempo! Desayuno, merienda, almuerzo, merienda, comida y merienda; seis frecuencias al día.” ¿Meriendas…? “Yogurt, leche, refresco, pan con algo para quien no lo tenga contraindicado, y helado también.
“Cuando entras, te explican cómo funciona esto. Y el tiempo se va en dormir, charlas educativas, televisión, conversaciones de cama a cama, visita de amigos y familiares… la enfermera siempre al tanto de tu medicamento, los médicos, entretenimiento con el celular o actividades culturales, cuando viene personal de la Casa de Cultura”.

“Con Ana Betys voy a tener mi tercer hijo, ella es primeriza; pero dos están ya grandes, son con mi esposa anterior.
“Aquí les dan muy buena atención a las embarazadas, con respecto a las tías de la cocina, los doctores y enfermeras están al tanto de su tratamiento porque es cerclaje.
“Hay cosas que a veces se van de la mano. Ahora mismo no hay gas y aquí están pasando mucho trabajo para cocinar. Y yo no puedo entender que el Municipio esté dando gas a la población y aquí no haya gas; están cocinando con leña y carbón. Las tías de la cocina traen sus propios medios para cocinar, ollas arroceras, ollas Reina, cocinas infrarrojo…
“Y hubo problemas con el agua, aunque ya están resueltos. Ahora no falla. Yo tuve que cargarla de lejos, no solo para mi esposa. En aquel momento el agua estaba ausente, no se podían bañar.
“Las condiciones materiales están perfectas. Les dan buena alimentación. No me puedo quejar. Además en lo que esté a mi alcance, traigo vianda, ensalada y ayudo en lo que pueda. A las tías, siempre les traigo alguna cosita para que se sientan motivadas.
“Aquí tienen teléfono fijo, el 39 7626, para preguntar o que te llamen. A veces se interrumpe, porque usted sabe los problemas que hay con las comunicaciones, la falta de conexión, cuando hay corriente, cuando no hay corriente.
“El horario de visitas es por la tarde, pero si tengo que venir en la mañana, es igual. Son muy benévolas con eso. Vengo, veo a Ana Betys, le traigo lo que necesite, no estorbo a los médicos o enfermeras y me marcho; en eso no hay problemas tampoco”.
Finaliza Cabrera Céspedes, “contamos con un médico de servicio para la atención diaria, aunque sean solo dos o tres las gestantes ingresadas. Y un protocolo de guardia con los obstetras que deben venir una vez por semana o cuando se presente una emergencia. Los llamamos y al momento ya están aquí.
“En caso de emergencia, los obstetras se activan con rápidez. Y si da tiempo, van con la gestante para el policlínico o les atienden aquí, en el Hogar, donde contamos con las condiciones necesarias. No sería la primera vez que realizamos un parto, y siempre nos ha salido bien, ¡de excelencia!
“¿Las remisiones a Gerona? Se hacen cuando los síntomas anuncian que la embarazada está de parto o surge un diagnóstico fuera de norma, y no contamos con los equipos para esclarecer lo que ocurre y brindar la atención requerida, o sea, la atención en insumos o medicamentos de uso hospitalario”.
MORALEJA DESENCADENADA
No tendría ni 10 años. Iba con mi padre, tirapiedras al cuello y de pronto una paloma levantó vuelo trabajosamente, como si tuviera un ala quebrada… cayó solo unos metros más allá, delante de nosotros. Rápido… saqué mi arma para agenciarme una presa fácil. “No la mates, es el instinto de madre” dijo papá, “… actúa como si tuviera un ala quebrada, que no pudiera volar, para alejarnos del nido, distraer y salvar a sus pichones”.
Así anda el hogar materno Matilde Villalonga. Allí se hace lo que haya que hacer, hasta volar “con un ala quebrada” –pero sin miedos– frente al tirapiedras mortal.

