El cultivo del plátano es conveniente por varios motivos. Prospera en gran variedad de suelos (aunque no con igual frondosidad), no es propenso a las enfermedades, soporta vientos moderados, requiere poca agua y resiste bien a las inundaciones no prolongadas.

Aunque alto entre las viandas, en realidad es una hierba con biotipo arbóreo pero no un verdadero árbol, carece de tronco.
El plátano es rico en potasio, hierro, magnesio y vitaminas como la B6; además, contiene en términos menos significativos carbohidratos, sacarosa y otros azúcares solubles.

Los suelos de preferencia no abundan en la Isla de la Juventud, por cuanto sus áreas de cultivo son limitadas; requiere PH ácido, suelos porosos y buen drenaje, de textura arenosa pero con arcilla y limo, abundantes en materiales orgánicos.
Este cultivo requiere mucha luz, no admite crecer bajo sombra. Y agradece que se le ponga una horqueta afincada en tierra, que sostenga a la planta por el lado del racimo y le evite descolgarse.
Su cosecha puede ser reducida a la mitad de tiempo si efectuamos la plantación de candeleros, aquella en que se utilicen hijos o renuevos medianamente desarrollados a los que se le corta la parte superior antes de ser trasplantados.
Un consejo: elimine la flor y los dedos o plátanos de la parte inferior del racimo. Roban nutrientes y debilitan el desarrollo del resto.

