Según lo recoge la historia local reciente, el rescate del balneario Santa Rita comenzó el 15 de noviembre de 1997, sin esperar por una asignación de recursos o presupuesto. Fue decisión del Consejo Popular santafeseño. Cuando, con una brigada de 20 reclusos, se logra por primera vez el desagüe del agua retenida sobre esta fuente curativa, desbroce de maleza y limpieza del área.

Cuatro meses después, las dos piscinas terapéuticas prestan servicios sin mayores acondicionamientos, y trabajan al aire libre. Sin paredes ni techo. Para costear el salario de los primeros trabajadores, se cobra entonces un peso por sesión de baños. Alternativa esta muy práctica a los efectos laborales y comerciales.
Momento en que –para legalizar la situación– fueran realizadas las gestiones que lo vinculan a Salud Pública, como lo estaba Ciego Montero, el único de los 13 balnearios con que cuenta el país subordinado a esa dirección.
Meses más tarde, por resolución ministerial, se autoriza crear y subordinar el Santa Rita a la Dirección Municipal de Salud Pública, con plantilla de 14 trabajadores.
A partir de ese momento los tratamientos fueron gratuitos.
Una donación de un amigo francés permitió concluir la restauración de la Casa de Baños, sobre las piscinas, y techarla.
A continuación, fueron habilitados dos cubículos de ingreso –uno para ocho mujeres y otro para igual cantidad de hombres–, en el cercano
hospitalito Comandante Andrés Cuevas, hoy Hogar Materno y Casa de Abuelos.
Años de trabajo, con un especialista en medicina natural a cargo del termalismo, permitieron compilar detallados expedientes médicos con la curación de miles de pacientes, ingresados o no.
Luego, el ciclón Gustav sacó de servicios al balneario y estas prestaciones, por diferentes motivos, no se retomaron en más de una década, aunque habían demostrado sobradamente su eficacia curativa.
Documentado está el más reciente intento de rescatar al Santa Rita en el 2023, cuando la Isla optara por ganar la sede del 26 de julio. Como 26 años antes, no había recursos disponibles para acometer la tarea pero fue organizada una inteligente cooperación entre empresas y organismos y se logró casi ponerlo otra vez en servicios.
Faltaron recursos menores, pero imprescindibles, como las electrobombas para achicar las piscinas y proceder a su limpieza o mantenimiento. No hubo cómo comprar las herramientas necesarias ni útiles de limpieza, y tampoco el fondo mensual para sustentar una plantilla de trabajadores.
Hoy, lastimosamente, a los precios actuales, el rescate de esta fuente de salud demanda –no para reactivar lo más modesto (su antigua Casa de Baños) sino para la puesta en servicios a lo grande de todo el complejo previsto– más de 20 millones de pesos.
Ningún Proyecto de Desarrollo Local puede asegurar ese aporte, por lo que se valora, como alternativa, pasar el balneario Santa Rita a una nueva forma de gestión económica, Cooperativa No Agropecuaria o Mipyme. Y para esto, el primer eslabón es transferir su subordinación al Gobierno local. El Ministerio de Salud Pública, apremiado por carestías de mayor envergadura, no dispone de presupuesto inmediato para realizar las inversiones necesarias y, por lo mismo, tampoco para convertirlo en Mipyme Estatal.
Ante esta situación, las autoridades competentes perfilan como estrategia reactivar los servicios de la histórica Casa de Baños y completar el megaproyecto a partir de recursos monetarios del territorio, todavía improductivos en manos particulares.
Convocar a sus tenedores, darles seguridades legales, sensibilizarlos con lo trascendente de esta tarea y lograr su asociación al empeño colectivo… a mi consideración, marcará la próxima etapa.
