Trampas de colores, cancerbero de tres cabezas

Los insectos, como los humanos, tienen preferencia por uno u otro color. Debilidad que bien aprovechada por el agricultor, facilita disminuir su presencia hasta cantidades controladas o de poco riesgo.

FOTO: Perfil Mauricio Agricultor-Huerto en casa en Facebook

Una población mínima de insectos dañinos, tómelo en cuenta, también es necesaria. No se deben eliminar en su totalidad. Hacen falta como alimento a diferentes congéneres –benéficos– que se nutren de ellos, pero sobre todo de otros importunos, los cuales ocasionan males de mayor consideración.

Lo conveniente es buscar y lograr el balance, el equilibrio entre dañinos y beneficiosos. Para alcanzar esta escurridiza frontera, ayudan y mucho las trampas de colores. Son tres, blanco, amarillo y azul.

Aconsejo usar pintura de aceite, de modo que no se degraden tanto con el sol ni las lluvias.

Las superficies deben estar recubiertas, además, por una ligera capa grasa. Cualquiera sirve, el más utilizado es el aceite quemado, de motor.

Los insectos atraídos por el color de su preferencia, revolotean hasta posarse en la superficie pintada, y quedan embadurnados por la grasa que evita puedan reemprender vuelo. Esos no harán más daño.

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