
…el Ratoncito Pérez cayó en la olla. Una nana clásica que aprendimos desde niños. Una de las pocas dedicadas a enaltecer el atractivo de una condimentosa infaltable, componente en la mayoría de los cárnicos o ensaladas que distinguen a la cocina cubana.
La fecha óptima es el ocho de septiembre; de modo que transcurrió más de un mes y andamos sobre la siembra media. Momento en que todavía se dan condiciones propicias para obtener buenas cosechas. En esta etapa conviene y debe ser prioritario para cada cosechador no desaprovechar los días invernales que transcurren.
La cebolla es susceptible a daños que genera la neblina, por lo cual se debe estar ojo avizor y eliminar de inmediato, con riego, el asentamiento quemante de la niebla sobre sus hojas. Y, puntualizo, no es algo que pueda dejarse para luego.
Controlado este riesgo, el de las plagas o enfermedades y manteniendo una humedad estable en el suelo, seis meses son suficientes para que el plantío de cebollas alcance tamaño comercial y acrecienten la economía a quienes se dediquen a este cultivo.

Entre otros motivos o bondades para preferirla, está la de que tal condimentosa puede almacenarse sin refrigeración, inclusive de un año para otro. Basta distribuirla por capas, en lugar seco y ventilado, bajo techo, alternando una capa de bulbos y otra de aserrín o mejor todavía: arena de cuarzo, privilegio de los pineros en exclusiva.

