
El hijo de Evaristo Redondo Tejeiro y Clara García Rodríguez es uno de los 30 artemiseños que parten en ómnibus rumbo a La Habana la tarde del 24 de julio de 1953, convocados por el Movimiento 26 de Julio y el joven abogado Fidel Castro Ruz.
A medida que el vehículo sale a la carretera central escoltada por esbeltos laureles –árboles sagrados que en la antigüedad simbolizan la victoria y el honor–, los valientes jóvenes contemplan absortos el paisaje.

Atrás dejan a la familia, hijos, vecinos, sueños sin realizar, proyectos truncos…, porque los anima el ideal de tener una patria libre e independiente, y van dispuestos a entregar la vida por Cuba.
Ciro Redondo García nace el nueve de diciembre de 1931, en Artemisa, donde cursa sus primeros estudios en una escuela particular y luego pasa a la Academia Pitman. Allí se gradúa en teneduría de libros y mecanografía. A inicios de 1951 comienza a trabajar en la tienda de la Casa Cabrera.
Con el Golpe de Estado del diez de marzo de 1952, propiciado por Fulgencio Batista, crece la actividad revolucionaria en la Villa Roja. Ciro junto a Ramiro Valdés Menéndez y otros compañeros son escogidos por el Máximo Líder para una acción armada tras ellos cumplir rigurosos entrenamientos y prácticas de tiro en fincas y otros sitios dentro y fuera de dicha ciudad.
Al fracasar el asalto al cuartel Moncada, Redondo García logra salir de Santiago de Cuba con cinco combatientes, entre quienes están Julio Díaz González y Marcos Martí Rodríguez. Llegan hasta las cercanías de la playa Siboney en un yipi. Una familia los esconde en una cueva donde permanecen cuatro días, pero un campesino los delata y el ejército los captura. Durante el traslado asesinan por la espalda a Marcos Martí y golpean a Ciro. Uno de los guardias impide que lo ultimen allí, por lo que salva su vida.
Sometido a juicio condenan a Ciro a diez años de prisión y lo envían al Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos junto al resto de los Moncadistas. Allí, los ubican en una de las salas del hospital del presidio separados de los presos comunes por una pared de ladrillos levantada con ese fin.
Como los demás revolucionarios se niega a aceptar la cena especial del 24 de diciembre de 1953 en protesta por los asesinatos cometidos por el ejército y la guardia rural durante los sucesos del asalto al cuartel Moncada.
El régimen tiránico de Fulgencio Batista presionado por el reclamo de las fuerzas populares cubanas otorga la amnistía de los bisoños asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes a quienes excarcelan el 15 de mayo de 1955.
Ciro parte al exilio y se enrola en una travesía épica de México a Cuba: la expedición del yate Granma liderada por Fidel, la cual desembarca el dos de diciembre de 1956 en un lugar conocido como Los Cayuelos, a unos dos kilómetros de playa Las Coloradas, en Niquero (provincia Granma) y, a pesar de ser fustigados por el mal tiempo, transitan con hambre, sed, cansancio y el armamento a cuesta, por una costa fangosa con el agua al pecho, y luego, un pantanoso manglar con mosquitos, jejenes y ramas espinosas que cortan la piel.
Hace 68 años, el 29 de noviembre de 1957, Ciro Redondo García con 26 años y el grado militar de capitán del Ejército Rebelde, muere en combate al marchar al frente de sus hombres contra la tropa del oficial batistiano Ángel Sánchez Mosquera, en la Sierra Maestra.
Cuando Ernesto Guevara de la Serna (Che) conoce de la caída en combate del joven artemiseño envía una carta a Fidel proponiendo su ascenso póstumo con el siguiente argumento: “Ciro murió de un balazo en la frente, en una acción realmente heroica…, había conseguido que su tropa lo admirara y siguiera. Fue un gran compañero y, sobre todo, uno de los inconmovibles puntales en cuanto a obsesión de lucha”.
Días después, el periódico El Cubano Libre desde la Sierra Maestra publica un comunicado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz donde informa el ascenso póstumo al grado de comandante del Ejército Revolucionario al capitán Ciro Redondo.
No por casualidad, cuando por orden de Fidel se forma la columna invasora número 8, que dirige el Che para llevar la lucha del Movimiento 26 de Julio al resto del país, lleva el nombre de Ciro Redondo que identifica a la tropa rebelde que da el golpe final a la dictadura con la toma de Santa Clara.
Aunque no ve el triunfo definitivo del país que alcanza su plena soberanía, por la que derrama su sangre, el hecho inmortaliza aún más su noble paso por la vida y enaltece la legión de héroes de la Patria y del pueblo, quien lo recuerda agradecido.
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