Ni gringos ni latifundistas

 

Como si no hubieran escuchado el repudio unánime de los cubanos este Primero de Mayo a sus planes para arreciar el cerco criminal contra Cuba, Estados Unidos activó desde este jueves el título III de la ley Helms-Burton como mecanismo legal que da luz verde a la presentación en tribunales norteamericanos de demandas contra empresas multinacionales que operan en terrenos o inmuebles nacionalizados en Cuba.

Durante más de dos décadas fue pospuesta esa posibilidad precisamente ante las advertencias surgidas desde varias partes del mundo y los propios Estados Unidos sobre las consecuencias que pudiera tener para el sistema legal y la economía norteamericanas, por lo que la implementación de ese engendro ilustra la terquedad de la actual administración de esa nación contra Cuba al abrir un capítulo más en su escalada de agresiones.

También comenzó a aplicarse este jueves el título IV de dicha legislación, el cual niega el visado para entrar a Estados Unidos a empresarios y sus familiares que utilicen propiedades reclamadas.

Este documento terrorista trata de chantajear a los cubanos con su aplicación alternativa en diversos tiempos, como parte de la guerra sicológica para frenar a inversionistas que aquí ven un mercado seguro.

Pero ya ni los herederos de míster Davis que se adueñó del sur pinero en tiempos en que le decían el rey del aluminio, ni de los latifundistas vinculados a la mafia como Francisco Cajigas o González del Valle, antiguos propietarios de las tierras donde hoy se levantan La Reforma y La Victoria, entre otras nuevas comunidades y fincas del pueblo, tienen jurisdicción sobre esos terrenos nacionalizados, cuya indemnización, por soberbia, se negaron a cobrar.

Aquí nada podrán demandar, porque no son de competencia extranjera las viviendas ni las industrias o los terrenos que producen bienes para el pueblo, y menos donde están los hospitales y las escuelas.

Hace apenas semanas el Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, y John Bolton, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, anunciaron el recrudecimiento del bloqueo, que además de aplicar estos dos títulos de la Helms-Burton, incluye un nuevo paquete de sanciones que para colmo limitan los viajes de estadounidenses a Cuba, el envío de remesas y las operaciones financieras con el archipiélago.

Con reproches y contrariedad recibieron la comunidad internacional y numerosos políticos norteamericanos esos anacrónicos pronunciamientos, y consideraron lamentables esos pasos que tienen consecuencias negativas para Cuba, otros países y los propios estadounidenses.

La espinosa norma no solo es ilegal en EE.UU, donde entra en contradicción con otros textos jurídicos al decretar sanciones previstas para tiempo de guerra cuando no hay beligerancia militar, sino que también es indebida al amparo de cuerpos legales internacionales como la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas de 1948, además de contravenir principios universales como: igualdad soberana, no intervención e independencia, reconocidos en la Carta de la ONU.

Como denunció Miguel M. Díaz-Canel, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros: “El título III no es peor que el I ni el II, que están en la cartera de acciones contra todo el pueblo de Cuba, sencillamente para robarnos las tierras, arrebatarnos las casas, apoderarse de los escasos recursos naturales y seducir y comprar a nuestra gente. Todo para castigarnos por ser el mal ejemplo que tantos pueblos oprimidos han querido seguir”.

“Lo que sí no cambiará será nuestra actitud frente a los que sostienen la espada contra nosotros”, sentenció mientras sus compatriotas no cesan de expresar su condena a esas irracionales medidas, como ratificaron en calles, desfiles y actos de este miércoles, previo a la instrumentación de sus desesperadas acciones tras sus continuos descalabros.

Ya lo dejó claro Díaz-Canel: “La respuesta es: No, señores imperialistas, los cubanos no nos rendimos, ni aceptamos leyes sobre nuestros destinos que estén fuera de la Constitución. En Cuba mandamos los cubanos y, por supuesto, las cubanas”.

Isla de la Juventud Opinion
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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