Donde la calidad se torna cotidiana

El trato esmerado caracteriza el desempeño de sus trabajadores. Foto: Yesmani Vega Ávalo

Quien no haya visitado La Demajagua con seguridad le llamará la atención si le mencionan el restaurante Hanoi, pero quienes llegan de manera asidua a esta modesta instalación gastronómica, aprecian una constante elevación de la calidad en sus servicios.

No tienen un secreto para deleitar a los clientes, solo la sonrisa de sus jóvenes dependientes y la experiencia de cocineras que hacen apetitosos platos, entre otras razones que certifican una estancia placentera en el lugar.

Aunque es verdad también que el único restaurante del lugar está necesitado de una mejor ambientación y otras soluciones para estar en correspondencia con el servicio que prestan.

Yenilda Rodríguez Diéguez es una joven dependienta graduada hace tres años y destaca que se siente a gusto en un colectivo que sobresale por su unidad y entrega al trabajo.

Mientras, Yanet Ramírez Domínguez, gastronómica, señala cómo ante las adversidades con algunos suministros hacen todo lo posible por lograr la satisfacción de los clientes.

Durante nuestra estancia en el establecimiento, dialogamos igualmente con Esvietty Hernández Durañona, profesora de Matemática de la Facultad de Ciencias Pedagógicas, perteneciente a la universidad Jesús Montané Oropesa, y cliente asiduo de la unidad.

“En un tiempo había inestabilidad; sin embargo, con la mayor permanencia del personal viene ocurriendo un mejoramiento en cuanto a la calidad y variedad en los productos que se ofertan”.

Indagamos por la perspectiva del establecimiento en cuanto a su desarrollo para satisfacción de los pobladores, que tienen en esta su única opción para degustar en familia y fuera del hogar opciones diferentes.

En tal sentido contactamos a Yoe Almeida Brizuela, administrador, quien explicó cómo se hacen coordinaciones para climatizar el salón y rescatar la parrillada, en una primera etapa. “Todo ese trabajo dotará al centro de un mayor confort y por consiguiente otras propuestas alimenticias”.

Por el momento el colectivo aporta al presupuesto anualmente una cifra impresionante para el lugar donde está enclavado, sobre todo el pasado año cuando recaudaron un millón 550 000 pesos y para este los propósitos siguen creciendo.

Ahora ofertan entre 9 y 10 platos como promedio, situación que puede mejorar a partir de iniciativas y mucho trabajo de un equipo compuesto en su mayoría por mujeres que ponen en cada actividad la ternura y el amor que requiere toda labor para un pueblo que necesita, cada vez más, satisfacer sus necesidades materiales y espirituales.

Isla de la Juventud
Pedro Blanco Oliva
Pedro Blanco Oliva

Licenciado en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomado en Periodismo con más de 40 años en la profesión

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