A mayor control más inocuidad

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Estadísticas globales indican que al menos el 70 por ciento de los padecimientos a nivel mundial se asocian a la ingestión de productos dañinos o en mal estado, lo que evidencia la importancia de mantener buenas prácticas en lo que a cultura higiénico alimentaria respecta.

Datos como estos conllevaron a que, aun en medio de las tribulaciones causadas por la covid-19, la voluntad del Gobierno cubano por garantizar a sus ciudadanos el derecho a disfrutar de una alimentación saludable haya estado patente durante este año.

Ello quedó demostrado con el establecimiento del Decreto Ley 9/2020 referido a la inocuidad de los alimentos, normativa de mayor jerarquía legal donde se sintetizan las resoluciones ya existentes para garantizar alimentos inocuos y nutritivos a la par que estimula el desarrollo competitivo y responsable de las entidades involucradas.

En este documento se definen los deberes y funciones de cada actor de la cadena alimentaria, así como de las autoridades reguladoras, teniendo un cumplimiento de carácter obligatorio para el sistema empresarial, las entidades presupuestadas y el sector no estatal.

Y es que las normas de protección a la salud, sobre todo en este tiempo en que evitar los riesgos de propagación de la epidemia son un imperativo, resultan inherentes a cada parte del proceso, desde la producción, embalaje, transportación, almacenamiento y comercialización hasta llegar al consumidor.

Esto atañe tanto a la producción nacional como a los productos  importados y a las inversiones extranjeras en el sector alimentario, quienes tienen también su cuota de responsabilidad con el empleo de prácticas que no dañen al medioambiente y eviten la contaminación.

La actual normativa viene a respaldar el Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y el proyecto de educación nutricional que Cuba ha potenciado en los últimos años. Está claro que no son metas a lograr en corto plazo, pues dependen en gran medida de cambiar mentalidades y modos de hacer, pero sí poco a poco se van acercando a las necesidades actuales del país.

Además, no podemos obviar que un mayor control en la producción y manejo de los alimentos influye también en la reducción de pérdidas y decomisos y, por ende, en mejoras en la economía nacional en el momento en que más se necesita.

Velar por el cumplimiento de lo legislado depende tanto de las unidades de inspección del Sistema de Salud Pública como de los trabajadores involucrados y de los consumidores, solo así podremos realmente alcanzar los objetivos contemplados en el decreto actual.

En nuestra campaña por una alimentación más saludable el conocimiento de las cinco reglas fundamentales para mantener la inocuidad de los alimentos es la clave y aquí se las dejamos. Mantener la limpieza de las superficies, equipos y utensilios en todo momento, separar alimentos crudos y cocidos, cocinar completa y correctamente, conservar a temperaturas seguras y emplear agua y materias primas de fuentes confiables.

Isla de la Juventud Opinión
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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