
Dejé para hoy la conversación sobre el sorpresivo anuncio del Secretario de Estado, alentando a quienes buscan un cambio en Cuba a colaborar con la CIA.
Entre las primeras reacciones, Cossío fue exacto: “Ahora Estados Unidos se apea con reclutamientos públicos de la CIA. Debe haber mucho desespero o pobreza en las filas de la agencia cuando tienen que vender sus ofrecimientos como pasta de dientes”.
Minutos después del anuncio de Rubio, la agencia de inteligencia yanqui publicó una guía para ser contactados por traidores cubanos. Mis hijos, de primer grado y con restricciones serias en los horarios de Internet, me demostraron que era un documento de cortar y pegar, armado de urgencia para encubrir el embarque que le había dado el histérico Secretario de doble vida. ¿Ya saben por qué? No necesito dar más detalles; el odio al enemigo no obliga a inquinas personales.
Para continuar la saga electorera, desde el Comando Sur, su jefe exhortó también a traicionar, ya que el tiempo se acaba. ¿Para quién? No para nosotros. Fueron ellos los que hablaron de abril, del verano, de que ya, ya, ya caíamos. Nunca dijimos que en agosto tomaríamos café en La Carreta de Miami o cenaríamos en el Versalles si Trump pierde en noviembre.
Y, para no obviar detalles, como no tienen otra cosa que hacer, el Departamento de Estado retuiteó tres publicaciones sobre Cuba en 15 minutos, amplificando el llamado de su Secretario a colaborar con la CIA y la etiqueta #DoctrinaMonroe. Lo podemos tomar como un insulto, pero, sinceramente, ¡qué ganas de comerm… tienen!
Podría pasar la página de estas concatenadas noticias y decirles que nos vemos el 4 de noviembre. Podría concentrarme en la distribución de las pipas en Mulgoba, que, con sus 102 edificios, ya lleva más de 45 días sin agua; y créanme que esa situación duele más, al saber que los motores que resolverían el problema esperan en algunos de los miles de contenedores bloqueados en puertos cercanos. Podría evaluar qué más podemos hacer para combatir la droga en el municipio. Podría…, pero sería irresponsable no detenernos a analizar la amenaza de turno y contribuir entre todos a descuartizarla. La situación ha puesto a la CIA en un ridículo supremo.
Descompongamos los hechos. Nada es casual; la mira está puesta en la ONU, en la votación contra el bloqueo. Se han tirado a fondo, pero saben que no obtendrán la mayoría, a pesar de difamaciones, presiones mafiosas y viajes de turismo diplomático del payaso por acá y de los papagayos del reciente show en Nueva York. Supongamos que ya tienen uno o varios traidores entre manos; ¿qué lograrán con la manipulación? ¿Debilitarnos? ¿Confundir a algunos? ¿Restarnos votos? Que hayan dado este paso demuestra, cuando menos, fragilidad. Es seguro que varios oficiales de la propia agencia rechazan la maniobra. ¿Por qué tienen que utilizarlos como marionetas unos políticos corruptos, improvisados, desprestigiados y… derrotados?
¡Qué triste papel les ha tocado! Profesionalmente hablando, siento pena ajena. Y a los traidores, un mensaje: el pueblo cubano no perdona; contra ellos seremos implacables.
Y si un día intentan una acción militar directa, unirán a este pueblo para siempre.
“Oye, pipo, deja el telefonito y dime cuál es el destino de aquellas pipas que llegan”.
“El primero para la escuela primaria, el otro para el pediátrico Leonor Pérez y el último, el de la manguera larga, que puede pasar por encima de la cochiquera, métanlo por atrás en el edificio de la rubia, que ayer no pudo recibir agua”.
Boyeros, 26.10.24 (10:00 p.m.)
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