A contra esquina con la escuela especial Lázaro Mesa, en La Fe, hállase una cafetería con nombre, hasta ahora… controversial: Nuevo Imperio. “¡Quise reflejar… que debemos aspirar a un mundo distinto, el de la hermandad y la concordia, pero algunos… ya sabes! Voy a tener que especificarlo debajo del nombre, como un subtítulo, para que no quepan dudas” apunta el trabajador por cuenta propia Osvaldo Faura Rizo, su fundador.

“Mi oferta es de domingo a domingo. Y son más de 10 productos en pizarra, todos a precio módico. Ese es el mundo que quiero, ayudarnos unos a otros, el país está en una situación difícil. Y tenemos que repartirnos ese golpe entre todos. No aspiro a hacerme rico. Con que saque el sustento diario de mi familia, y Dios nos dé salud… tenemos bastante”.
Entre los productos alimenticios que se pueden adquirir en Nuevo Imperio está una fortaleza no recurrente por estos lares, el guarapo “…un campesino, que tiene cañas, me lo trae ya listo para la venta. Y tiene mucha demanda. La gente pide el número del móvil, me pregunta: ¿hay guarapo? Y viene… no solo a tomarlo, sino a llevarlo en porrones para la familia”.
Faura se inició como trabajador por cuenta propia hace un año, con un capital mínimo, 9670 pesos. “Empecé con la venta de productos menores. Y fui mejorando, haciendo pequeñas inversiones hasta llegar a donde estamos hoy, una cafetería modesta, pero con todas las de la ley”.
La suya está alejada de la zona comercial, la de mayor tránsito peatonal. Y por lo mismo, representa una ventaja para su vecindario, no tiene que trasladarse lejos para adquirir alimentos complementarios o de consumo rápido.
Faura Rizo ha generado ya dos empleos, el de una dependienta y el suyo propio, como cocinero elaborador.
Pero ha enfrentado un dilema que le desalienta “…en varias ocasiones he recibido visitas de las inspectoras de la Dirección Integral de Supervisión, de Epidemiología… y estoy pagando 16 000 pesos de multa, por contravenciones. Y las estoy pagando a plazos, porque no tengo dinero para tanto. Toda infracción, se debe pagar; estoy de acuerdo. ¡Pero tres multas y en un mismo mes! Me parece excesivo. Yo vivo de mi salario, no exploto a nadie, no maltrato… pero tengo familia y su sustento depende de esta cafetería. Realmente no sé qué hacer”.
-¿Por qué fueron las multas?
-La primera, por dos pesos de más en el precio de unas galleticas. La segunda, por limpieza de los alrededores. Y la tercera, por no tener la autorización de Epidemiología para la elaboración de los alimentos que proceso.
-¿Y no apelaste ninguna?
-La multa especifica que se debe pagar primero y apelar después. Y para qué voy a apelar si ya pagué la multa. ¡No me van a devolver el dinero!
No es Osvaldo Faura Rizo el único cuentapropista que enfrenta situación similar. ¿Dónde está el folleto que diga lo que debe hacer y qué no puede hacer un cuentapropista? ¿Cuántos seminarios se impartieron para encauzar de forma correcta su gestión? ¿La visita de los inspectores, por primera vez, tiene o no un carácter preventivo? ¿Es siempre necesariamente impositiva? ¿Se pueden aplicar tantas multas como visitas realicen los inspectores, en un solo mes? ¿Se devuelve el dinero de las multas o disminuye su importe si se apelan a tiempo y hay motivo para ello?
Un tema este, el de las multas, al cual volveremos en una próxima reseña.
