
Si de algo presumimos los cubanos es de saber de todo, y cuando digo todo, mire es TODO. El desarrollo de la actual Copa Mundial de Fútbol que inició hacer muy pocos días constituye la mejor prueba de lo que digo.
En cualquier barrio usted escucha discutiendo en defensa de la selección de su preferencia lo mismo a varios adultos mayores, que a un quinceañero con un cuarentón como mis vecinos Edwin y Yunay; que una ama de casa, mujer seria y que para nada parece tener inclinación por los deportes, dar una clase magistral de estadísticas y probabilidades que quién se llevara la Copa, igual a la que ofreciera Aimara, quien vive a tres casas de la mía, a mi hijo Sneiderh y su amigo Daniel.
Y es que el deporte de multitudes verdaderamente se vive y se siente en cada nueva versión del Mundial. Haciendo memoria esta reportera, que no sabe mucho del goce de darle al balón y que sigue aferrada a que sus preferidos de antaño, Batistuta, Maradona y Zidane son insuperables, en la pasada edición y la anterior a esa se vivió el mismo escenario, el fútbol fue el plato fuerte de las conversaciones.
Este año, debido a la bien compleja situación energética que tiene Cuba, el poder disfrutar del espectáculo que constituye cada juego, se ha hecho más que difícil y la afición se las ingenia para saber al menos quién ganó la justa de cada día e ir haciendo números.
Mi hijo Sneiderh, por ejemplo, fiel seguidor como su padre de quienes visten la camiseta Albiceleste y también de La Pulga, lo mismo se reúne con muchachos de su edad en casa del primo Oscarito en el mismo reparto Chacón, que emigra para Nazareno con su papá porque en ambos lugares hay seguridad de ver los juegos gracias a un denominador común, Ecoflow; otros esperan que haya comunicación para llamar a cuanto socio tienen para saber quién ganó ese día o se conectan a internet.
Y aunque ya no parece opción el acudir al cine teatro Caribe a ver en pantalla ancha las disputas por el tema corriente, siempre se convierte en posibilidad, según el horario de que dispongan, puedan verlas en casa, o que algún negocio particular ofrezca el verla en su establecimiento como un servicio más.
Avanzan los días y no importa para la afición el creciente calor y el no poder dormir como Dios manda, una vez que amanece se sale a buscar la información o basta con ofrecer sus consideraciones a otros de cómo terminó el duelo, aunque no lo hayan visto, porque vamos, lo que no sabemos, pues lo imaginamos.
Y hasta es para reírse, porque uno no sabe si es por desconocimiento, por solo participar de la charla o por pura maldad, que alguien calienta la cosa dando como favorita a una selección que parece fantasma porque nadie, ni los avezados comentaristas la tienen en cuenta.
Lo que sí es un hecho demostrado es que el fútbol es pura pasión, que se siente en el fervor con que la gente habla de una jugada, un atleta o partido. Y también que no es apto para hipertensos y cardiópatas porque esta edición del Mundial, al decir de muchos, traerá sorpresas y el difícil adiós a figuras a las que se han seguido por años y que ya se despiden del evento como Messi, Cristiano, Neymar Jr. y Guillermo Ochoa, entre otro.
Espero que usted ya tenga en mente un ganador. Hay, oigo discusión allá afuera. Ah, pero ese está loco, ¿quién le dijo que Japón es el favorito? Qué va, cierro estas líneas y salgo a defender que Argentina gana este Mundial porque lo gana. ¿Hay, era ese el equipo al que yo le iba o a Francia? Bueno, igual voy afinando para gritar por uno o por otro cuando el balón entre en la portería: ¡GOOOOOL!
