
La embajada de Estados Unidos en La Habana ha colgado un cartel en la fachada de su sede. El letrero dice “Freedom 250”, queriendo decir libertad y aparentemente haciendo referencia al aniversario de la Declaración de Independencia de ese país, aprobada en 1776, hace 250 años.
Sin embargo, el mensaje puede generar confusión o ser engañoso. Si bien el texto del documento conmemorado se redactó y publicó en esa fecha lejana, la libertad no era entonces una realidad en las 13 colonias, ni tampoco lo fue en la nueva república que surgió con la independencia de esos territorios del colonialismo británico, que mantuvo la esclavitud como una institución de plenos derechos.
Ni siquiera parece que fuera una genuina intención de los promotores del documento, empeñados en expandirse con la independencia hacia el oeste del continente norteamericano, sobre territorio que no le pertenecía y estaba poblado por las comunidades originarias, a costa de cuya masacre, esclavitud, desplazamiento y destrucción cultural, creció y se expandió la nación “libre e independiente” que se proponía surgir con la Declaración de Independencia.
De hecho, todos o la mayoría de los firmantes de la Declaración eran en ese momento dueños de esclavos y lo continuaron siendo. Algunos poseían como propiedad las dotaciones más grandes en las 13 colonias de seres humanos sometidos al yugo de la esclavitud. Uno de ellos, al que se atribuye la autoría fundamental del texto, Thomas Jefferson, tuvo entre sus esclavos a varios hijos, los que procreó con su esclava Sally Hemmings, y que nacieron y crecieron en esa condición. Esos vástagos no tuvieron su libertad hasta la muerte del padre, en cumplimiento de lo que dejó él redactado en su testamento.
La esclavitud no se suprimió legalmente en Estados Unidos hasta 1865, hace 161 años, no 250. A esa altura, ya se había avanzando considerablemente en el genocidio de las poblaciones originarias. Se había arrebatado buena parte del territorio de México y sometido a una posición de inferioridad a las poblaciones mexicanas que quedaron bajo el régimen estadounidense.
En la actualidad, las detenciones indefinidas en Estados Unidos alcanzan cifras extraordinarias. Se calcula que, de 740 mil personas detenidas en diversos centros de reclusión, a dos terceras partes nunca se les ha condenado por delitos. Se estima que el número de personas detenidos actualmente sin juicio, o sea, sin libertad, alcanza la cifra de 400 mil. Las causas son diversas, muchas son fruto de las redadas por temas migratorios de los últimos dos años, pero muchos también son por tratarse de ciudadanos de escasos recursos económicos, incapaces de pagar fianza.
Abundan las historias sobre el uso de esas detenciones como forma de coerción y castigo en ausencia de pruebas o incluso de delitos. Es un recurso utilizado por las fuerzas del orden con enfoque racista y como instrumento de dominación sobre comunidades enteras, tanto en barrios específicos de las grandes ciudades, como en pequeñas comunidades.
El abuso de detenciones arbitrarias en Estados Unidos y en muchas partes del mundo por parte del gobierno estadounidense se convirtió en una práctica oficial de la estrategia de política exterior y seguridad nacional durante la llamada “guerra contra el terrorismo”. La cantidad de personas de diversas nacionalidades a las que se privó cruelmente de libertad, muchos de ellos durante largos años, constituye un crimen que ningún cartelito puede borrar.
Es aconsejable tratar de dilucidar qué se esconde detrás de cada cartel o mensaje que emane de la embajada de Estados Unidos en Cuba.
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