
En 1967, cuando la entonces Isla de Pinos convocaba a jóvenes de distintos rincones de Cuba para multiplicar las obras, construir, cultivar y embellecer este territorio insular, llegaron hasta sus costas los padres de Yanelis Vico Suárez. Él, procedente de Granma, traía la savia de los cafetales y la fuerza de una tierra indómita; ella, natural de Santiago de Cuba, con su ingenio, alegría y esa musicalidad propia de una ciudad donde la vida parece llevar siempre un ritmo de fiesta.
Ambos echaron raíces en este suelo que comenzaba a transformarse con la Revolución. De esa unión nació, años después, Yanelis, una mujer que haría de la constancia, el trabajo y la superación una manera de vivir.
En 1987 fue parte del movimiento productivo masivo que involucraba a trabajadores, estudiantes y fuerzas juveniles en la cosecha del principal renglón exportable del territorio: La Campaña de la Toronja.
El seis de junio de 1998, con 24 años, llegó al periódico Victoria como auxiliar de limpieza. Margarita Gómez, entonces administradora, fue quien la condujo hasta allí; ella y Sergio Rivero, que era el director, le abrieron las puertas de una institución que terminaría convirtiéndose en mucho más que un centro laboral.
Llegó con deseos de aprender y encontró un lugar donde crecer. Primero se graduó como técnico medio en Contabilidad y Finanzas, después, pasó a desempeñarse como secretaria de la dirección, responsabilidad que mantuvo durante años. Y luego fue promovida para laborar en el Archivo al jubilarse Olga Isabel Martínez. Lo que parecía una sustitución circunstancial, terminó convirtiéndose en una oportunidad decisiva: desde allí continuó sus estudios universitarios en Comunicación Social y, más tarde, se especializó en Gestión Documental.
Fue entonces cuando descubrió una vocación que parecía aguardarla entre papeles, fotografías y viejas ediciones: preservar responsablemente la memoria del periódico.

En el Archivo comenzó a clasificar documentos, ordenar fotos, negativos, ejemplares y números consecutivos. No se limitó a conservar lo que ya existía, con la intuición de quien sabe que el futuro necesitará testimonios del pasado, decidió guardar diez ejemplares de cada edición, cuando lo habitual era solo dos. Ese principio sencillo terminó convirtiéndose en su verdadera filosofía de trabajo.
Hoy participa en la digitalización de los fondos documentales que serán incorporados al catálogo nacional de la prensa en La Habana. Su organización permite que periodistas, diseñadores, investigadores y colaboradores encuentren con máxima rapidez aquello que necesitan: una instantánea, negativo, edición determinada o el consecutivo de una fecha. “Me piden un material y yo lo facilito de inmediato, porque todo está en su lugar”, explica.
Ha hecho del Archivo mucho más que un depósito de documentos. Por allí han pasado investigadores, escritores y realizadores en busca de historias. De sus fondos han surgido audiovisuales, reportajes y crónicas; también el libro de Lázaro Machín Pérez, Mi Primer Equipo y la sección del Semanario, Historia al día, de Juan Colina La Rosa.
Yanelis no solo resguarda papeles. Conserva las huellas de varias generaciones de periodistas. Cuando habla del Victoria, ella no lo hace como quien se refiere solo a una responsabilidad.
“El periódico es una familia incondicional. Nos llevamos todos bien; tenemos un buen engranaje, son muchos años juntos y siempre prevalece la ayuda de unos con los otros”.
Ese sentido de pertenencia se puso a prueba en momentos difíciles. Durante el paso del huracán Gustav, mientras el viento azotaba destructivamente su propia casa, Yanelis permaneció en el periódico junto a sus compañeros Yordan, Emilio, Malbides, Osmani y Sergio. No era indiferencia ante lo que estaba ocurriendo en su hogar, sino la necesidad de proteger aquello que sentía como suyo.
“Si yo no estoy por alguna razón, Mayet, Emilio, Osmani, Niurka o Yojamna saben dónde buscar al detalle, porque todo está en su justo lugar; y si no, simplemente me llaman. Todo fluye de la mejor manera posible, con mucha colaboración, amor y sin discusiones”.
Dado ese proceder de entender el trabajo reconoce también la influencia de Sergio Rivero: “Él influyó mucho en esa unidad; nos ayudó y enseñó a ser un equipo con el amor y valores propios de una familia.
“Mi trabajo es apoyar y agilizar el proceso de creación”. En esa frase Yanelis resume una trayectoria que ha desbordado ampliamente las expectativas con las que llegó al periódico.
Durante más de cinco años concibió con reconocimientos la sección “De todo y para todos”, publicada en la página 6, donde convivían temas de medicina natural, crucigramas, poesía, canciones y otros contenidos destinados a los lectores.
Durante 28 años ha asumido con resultados positivos la organización de la sección sindical, también se ha ocupado de las finanzas y ha realizado funciones de administración. Ha recibido en diferentes ocasiones el reconocimiento como Trabajadora Destacada y el diploma por 25 años de trabajo en el Partido Comunista de Cuba.
Su capacidad para asumir tareas diversas terminó convirtiéndose en una marca personal. De ahí nació el apelativo que le acompaña con cariño: la mujer orquesta.
“Imponerme para lograr cualquier tarea me ganó ese sobrenombre en infinidad de ocasiones”, sonríe orgullosa. Pero una orquesta no se sostiene solo con quien dirige, también necesita músicos capaces de escucharse, entrar a tiempo y sostener juntos la melodía. Quizá por eso Yanelis insiste tanto en hablar de equipo.
Incluso la cocina terminó formando parte de esa historia. Aprendió a cocinar junto a Malbides y llegó a preparar su tradicional salcocho. Cuando las dificultades del comedor imponían nuevos desafíos, la solución también encontraba su camino en la solidaridad.
Con los años, algunos compañeros dejaron de serlo para convertirse en parte entrañable de la vida de Yanelis: Lilian Lee es su hermana incondicional que nunca falta en los momentos decisivos. Con Yadira Reyes sostiene un lazo, tejido como familia desde la etapa de Rivero. Yusi, compañera de faenas y confesora discreta, comparte con ella la complicidad diaria del trabajo.
Yanelis es sencilla y sentimental. Se distingue por su alto sentido de pertenencia y voluntad, pero asegura que el periódico le enseñó muchos más valores: humanidad y el arte de querer a los demás. Sergio fue para ella como un padre, siempre dispuesto a aconsejar con ternura y sabiduría. “Aprendí también mucho con Margarita y Matilde”, recuerda. Niurka, que llegó el mismo año que yo al Victoria, ha sido mi compañera de todos los tiempos.
“Todo lo que soy hoy se lo debo al Victoria. Allí me formé, fue mi escuela. Llegué siendo apenas una joven repleta de sueños y aprendí de todo, hasta a cocinar. Mi segunda hija, Thalía Morales, creció entre sus pasillos, y Dianita los corretió desde pequeña”.

Son afectos construidos durante años, en la cotidianidad, en las jornadas difíciles y también en las celebraciones. “Mi familia es mi vida, y el periódico, mi gran amor”, afirma con lágrimas que delatan una emoción profunda y verdadera.
“El Victoria es una familia con muchos años de historia, y a quienes llegan nuevos procuramos transmitirles ese mismo sentido de pertenencia, inyectarles la esencia que lo hace bonito y que ha perdurado en el tiempo”.
También reserva palabras de especial respeto y orgullo para Gerardo Mayet, actual director del Semanario, a quien reconoce como un profesional versátil y comprometido:
“Es una persona muy buena, sana e inteligente; sabe un poco de todo en la Administración, es un reconocido maestro de la fotografía y una fortaleza en la Redacción. Un joven muy profesional.
“En incontables ocasiones tuve la oportunidad de irme, incluso, llegué a tener listos los papeles para trabajar en Cayo Largo del Sur, donde recibiría un salario más alto, pero después comprendí que allí solo encontraría una mejor remuneración; en el periódico, en cambio, podía seguir creciendo, aprendiendo y superándome. Por eso decidí quedarme. Fue la mejor decisión de mi vida”.
También rechazó una propuesta para trabajar como instructora en el Comité Municipal del Partido. “Agradezco la confianza, pero no abandono a mi gente, comencé aquí y del periódico no me voy”. Confesó.
Tal vez ahí resida la verdadera razón de su permanencia: en el Victoria quedaron grabados sus esfuerzos, aprendizajes, sus amistades y buena parte de los recuerdos que hoy sostienen su historia. Más que sentirse parte de él, terminó convencida de que este también le pertenecía.
Cada 20 de febrero, mientras el Semanario celebra su aniversario, Yanelis festeja también su cumpleaños. Lo hace rodeada de sus hijas y de esa comunidad entrañable que, a lo largo de décadas, ha tejido en el medio.

“Conservo lindos momentos de tantas celebraciones, siempre junto al cake, como si fueran pequeñas cápsulas de tiempo capaces de reunir rostros, generaciones y memorias que guardo con tanta gratitud y ternura”, dice emocionada.
Quizás esas fotografías expliquen mejor que cualquier reconocimiento lo que han significado estos años. Desde aquel seis de junio de 1998 hasta hoy, Yanelis ha recorrido un camino ejemplar: de auxiliar general a guardiana de la memoria del periódico; de secretaria a especialista en Gestión Documental; de recién llegada a figura imprescindible en el engranaje cotidiano del Semanario al que ha entregado lo mejor de sí. Ha acompañado a periodistas, apoyado a compañeros y sostenido tareas que, aunque muchas veces invisibles, revelan su verdadero valor cuando faltan.
Por eso el apelativo de “mujer orquesta” parece acompañarla con naturalidad. No porque haya hecho todo sola, sino porque ha sabido escuchar cada instrumento, reconocer cada voz y conseguir que las piezas encuentren su lugar. Después de más de dos décadas, su propia vida parece escrita como una partitura de continuidad.
“Pertenecer al Victoria es quedarse cuando hace falta, poner el corazón en cada tarea y no dejar a los míos. Por eso sigo, firme junto a ellos, aportando a este medio y tierra hermosa que tanto en la vida me concedieron”.
Colaboradora (*)
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