La Coubre: crimen de lesa humanidad

Siente como una oleada de calor que le golpea y lo tira al suelo. Levanta la cabeza y ve como un hongo de humo saliendo del barco, como si fuera una explosión atómica, y se aterra. Algo resbala por su cara, cree que es sudor. Se limpia con una manga de la camisa y descubre que es sangre. Intenta levantarse, pero siente como un mareo y todo empieza a dar vueltas. Alguien lo agarra por la camisa y grita: “¡Estás herido en la cabeza! ¡Regresa! ¡Va a explotar otra vez! ¡Va a explotar! ¡Atras!” (*)

FOTO: Archivo

Es el testimonio de uno de los heridos de la detonación inicial cerca de las tres de la tarde; suena la sirena y la gente corre a prestar los primeros auxilios.

Poco después, la intención genocida de los autores de ese atentado queda confirmada al registrarse un segundo estallido causante de la mayor cantidad de víctimas; precisamente en medio de las labores de rescate de los cuerpos de ayuda, bomberos y la Policía revolucionaria en auxilio a los primeros afectados.

Ocurre la explosión en el puerto de La Habana en el vapor francés La Coubre cuando su dotación descarga fusiles, granadas y municiones comprados en Bélgica por el gobierno de Cuba para la defensa del país.

La origina un sabotaje que estremece la ciudad el cuatro de marzo de 1960, y ocasiona la muerte de 101 personas –entre ellas seis tripulantes franceses–, más de 400 resultan lesionadas o incapacitadas de por vida, 34 desaparecidas y 82 niños quedan sin padre, según fuentes documentales. Antes de la llegada del carguero, miembros de la Agencia Central de Inteligencia yanqui colocan los petardos en el armamento que se activan al retirarse la carga.

Es el resultado de un acto terrorista, que continúa impune, instrumentado por el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) como parte de las acciones ejecutadas para desacreditar la naciente Revolución y desestabilizar el país. No se trata de un accidente, como queda probado, sino de un hecho intencional.

Escalofriante es el panorama: humo y llamaradas salen de la popa del navío convertida en amasijo de retorcidos hierros…, cuatro hombres cargan una de las víctimas…, el suelo se cubre de cuerpos mutilados, brazos, piernas y sangre.

Tan pronto sienten las detonaciones Fidel, Almeida, Che y otras autoridades se funden con socorristas, trabajadores, grupos de rescate y salvamento, soldados, bomberos y pueblo en general para atender a las víctimas, recoger los escombros y asistir a la población de los alrededores que vive la odisea.

Al día siguiente, el cinco de marzo, en el sepelio al despedir el duelo de las víctimas del monstruoso atentado ante la multitud reunida en la capitalina esquina de 23 y 12, en las inmediaciones del Cementerio de Colón en el Vedado, Fidel Castro Ruz explica los hechos y muestra pruebas de la implicación del gobierno de

  1. UU. en el crimen, mientras que el semblante firme de Ernesto Guevara de la Serna (Che) es inmortalizado por el fotógrafo Alberto Korda para convertirse en símbolo de resistencia.

El pueblo respalda al Líder Histórico cuando pronuncia por primera vez la consigna de ¡Patria o muerte!, que acompaña desde entonces las batallas cubanas por sus derechos a la autodeterminación, soberanía e independencia.

A 66 años del horripilante hecho todavía duele, así comienza la guerra sucia contra Cuba y otras miles de agresiones. Ayer como hoy y siempre, ¡Patria o muerte!, es la respuesta de los cubanos para enfrentar al precio que sea necesario cualquier zarpazo enemigo y luchar por mantener la soberanía de la Patria.

Cuba mantiene la voluntad de hacer frente a la creciente hostilidad de Washington y resistir las agresiones externas y los intentos de subvertir su proceso revolucionario.

 (*) Tomado del libro Cicatrices en la memoria

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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