Gloria nunca imaginó que el periodismo sería su destino. Nació en Santiago de Cuba, pero fue en la Isla de la Juventud donde se formó como profesora de Español y Literatura. Allí, entre pizarras y pupitres, descubrió que la palabra podía ser más que un recurso pedagógico: alcanzaba a convertirse en herramienta de transformación.

Durante tres años enseñó a sus alumnos del Politécnico de Construcción Civil a querer la literatura y la oratoria. “Me gusta moldear la piedra cruda y que al final esa piedra tenga brillo”, recuerda con la serenidad de quien sabe que la docencia es también un acto de fe.
Su empeño cristalizó en la creación de la primera cátedra del programa de la Sociedad Cultural José Martí, que enseñó a los estudiantes a leer, dramatizar y participar con textos martianos en tribunas y actos políticos del Municipio. Aún hoy, muchos de aquellos jóvenes la saludan con cariño: “Esa es mi profesora”, dicen emocionados, como si el tiempo no hubiera pasado.
En su formación guardó especial gratitud hacia “La chilena”, profesora de la escuela 14 de Junio, quien le enseñó con amor cómo dar clases. “Fue mi inspiración”, afirma. Esa huella pedagógica marcó su estilo y vocación de servicio, que más tarde se trasladarían al periodismo.
Se presenta junto a Yojamna, Katia y Tony entre otros, a una convocatoria publicada por la emisora Radio Caribe de un curso de reorientación profesional en 1999 y el año 2000 fue un punto de inflexión. Gloria ingresó al periódico Victoria el primero de octubre, llegó con su diploma y currículum a presentarse en entrevista con Robin Marín, quien era el subdirector en aquel momento.
“Hice mi período de prueba y luego me dejaron fija”.
Allí descubrió que escribir no era dar una clase, sino convertirse en voz pública de los problemas del pueblo. “La mejor escuela para hacer buen periodismo es la prensa escrita, ahí es donde te quitan la adjetivación, el queísmo y el seseo”, asegura con la firmeza de quien ha hecho del papel impreso su credo.

“Cuando llegué al periódico Sergio Rivero era su director y me motivó una frase que existía, era de Mayra y Sergio: ‘Defensa Circular Cerrada’. Actualmente la digo, se me ha quedado, significa lo mismo que ‘todos para uno y uno para todos’. Tu problema es el mío, es un círculo que tiene que morir en ese mismo círculo, pero es para el bien colectivo. Yo todavía la tengo como mía, el problema de uno era también de todos.
“Eso nos lo enseñó Sergio; cuando tienes una persona que te guía de forma humana, el cariño y el amor se convierten en parte de todo lo que creas, es un compromiso. Se habla de política editorial y también de la situación que tiene el periodista que no le permite cumplir su tarea. Cuando se dirige así, el colectivo se vuelve una familia”.
Desde entonces ha defendido con rigor y sensibilidad la prensa como vocación de servicio social. Sus reportajes y trabajos de investigación dieron voz a la comunidad, revelaron irregularidades y propusieron soluciones. En cada línea se percibe la ética de quien no escribe para sí, sino para los demás.
Gloria disfruta mucho hacer periodismo, investigar, se enfrenta a la problemática para llegar a propuestas de solución por el bien del pueblo.
“Una vez, a Karelia y a mí nos estaban esperando en la dirección varios militares por un trabajo que publicamos con el título ‘Los ninjas de las jabitas’; cuando aquello la gente vendía jabitas de nailon de forma ilegal a un peso, Mayet tiró las fotos e hicimos un reportaje sobre ese tema en la calle 39. Mencionamos en el último párrafo a los agentes del orden público, qué acciones estaban tomando al respecto y al aparecer, se sintieron aludidos.
“Tú puedes hacer ese tipo de trabajos cuando tienes una dirección que te respalda, aunque no siempre es así; pero al periodismo le toca denunciar el hecho y fue lo que hicimos. Aquello que parecía un problema se convirtió en una alianza de trabajo que perduró en el tiempo, y pudimos publicar un grupo de reportajes sobre temas vedados hasta ese momento con gran incidencia en la población.
“Las cosas que te he explicado van apuntando a la funcionalidad del colectivo, y si me preguntaras qué caracteriza a la familia del periódico, sin dudar te diría que es una familia que funciona, y lo ha demostrado en el tiempo”.
A Gloria le han hecho propuestas para trabajar en radio y televisión, pero siempre respondió con su lema: “Soy de prensa escrita y no la traiciono”. No se concibe frente a un micrófono, ni a una cámara; su lugar está en la palabra escrita, donde se siente plena y auténtica. Esa fidelidad al periódico es también un acto de resistencia en tiempos de inmediatez audiovisual.
En la editora se desempeñó también como jefa de Redacción, cubría como jefa de Información, además, fue secretaria general del núcleo del Partido por muchos años.
Su liderazgo trascendió las páginas del Victoria. Entre 2013 y 2023 presidió la Unión de Periodistas de Cuba en la Isla, donde dio prioridad a la atención de los redactores reporteros y convirtió la organización en una casa de superación. Bajo su gestión se fortaleció la capacitación y se construyó la segunda planta de la sede con recursos propios, demostrando que la voluntad colectiva puede levantar muros de dignidad.

Hoy, tras concluir sus mandatos, y ser acreedora de la Medalla Félix Elmuza que otorga la organización, finalmente ha regresado a “su periódico” ahora como colaboradora, y asume la corresponsalía de Trabajadores, que ocupa el segundo lugar nacional en la publicación de contenidos. Con humildad, responsabilidad y empatía, continúa siendo parte importante de la familia del Victoria en su aniversario 60.
Gloria, es por excelencia, periodista de opinión, defensora de lo que piensa y de lo que siente el pueblo. Su vida demuestra que la palabra, cuando se ejerce con ética y pasión, se convierte en la más firme defensa de la verdad.
José Saramago decía que “el deber del periodista es decir lo que otros callan”. Gloria lo confirma cada día, no con discursos, sino con hechos: con la entrega silenciosa de quien escribe para servir, con la convicción de que la palabra es trinchera y la trinchera es compromiso.

En la Isla de la Juventud, donde la historia se escribe con la misma intensidad que el mar golpea los arrecifes, ella ha hecho de la palabra su refugio. Y en ese refugio, la verdad se defiende con la misma pasión con que redacta, enseña a leer un poema o a dramatizar un texto.
Su legado es claro: el periodismo no es un oficio de vanidad, sino de pertenencia y servicio. En esa certeza, Gloria ha encontrado su destino.
Colaboradora (*)
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