Fracaso de un paseo anunciado

Antes de hacerse a la mar, los antiguos piratas firmaban su Carta de Marca. Documento en el cual se consignaba cuántas partes del botín cobraría cada uno por su participación en la campaña. Y cuánto recibiría determinado amigo o familiar en caso de que el firmante muriera. O si quedaba herido, cuánto por cada herida, qué tipo de herida: una extremidad inferior o superior, una mano… izquierda o derecha, y en esta cuánto por dedo, porque no todos se tasaban con igual valor o precio.

Hoy sería interesante echar un vistazo al documento –su Carta de Marca– firmado por los miembros del equipo Delta Force, y los demás, que al estilo de piratas modernos atacaran Caracas para secuestrar al presidente venezolano.

Veinte de ellos ahora se dice, aunque no oficial, que murieron, y 15 heridos, siete de gravedad; es la primera vez que se hace referencia en las redes sociales a que semejantes “súper hombres” pudieran resultar tan mellados. Antes se pretendió los viéramos como inmortales. Los caídos los habían puesto solo los nuestros, los sin lo último en tecnología para guerrear.

Desafortunadamente, la verdad se impone. Usted puede disponer de la más moderna tecnología para sorprender y masacrar, pero en el combate cercano funcionan las reglas de siempre. Un balazo de AK a corta distancia te hace el efecto de un mandarriazo gigante con impacto de diez toneladas. Y eso no hay hombre que lo resista a pie firme. Semejante golpe no lo amortigua ni el mejor chaleco antibalas.

Ese resguardo detiene la penetración del proyectil, pero no el tremendo trastazo que saca en peso a un hombre, lo levanta por los aires y lanza varios metros detrás, quizá hasta con un par de costillas rotas, ahogándose por la falta de aire y revolcándose de dolor.

A semejantes SuperManes esta es la guerra que les aguarda en territorio cubano, el combate cercano. Acompañado por trampas vietnamitas indetectables y minas personales sembradas a voleo.

No se trataría de una operación “quirúrgica” (palabrita de moda). Un entrar y salir en 40 minutos con la presa en manos. Acá habrá que conquistar territorio, ocuparlo, y eso se hace solo a nivel de superficie, con vulnerable infantería.  No desde una aeronave o misil que ataca furtivo, a cientos de kilómetros de distancia.

En Cuba usted puede barrer todo en campo abierto con armas sigilosas, las de última generación, pero no en las ciudades; esas hay que conquistarlas cuadra a cuadra, casa por casa.

Nadie olvide que hace más de diez años, estuvo por acá un general norteamericano en calidad de invitado. Que visitó cuantos enclaves militares resultaron de su interés, y al final publicó: “Cuba no representa una amenaza militar para Estaos Unidos”.

Cierto. Muy cierto. Ni pretendemos serlo.

A partir de ese momento, intensificamos lo que ya veníamos haciendo con discreción, incrementamos la preparación de la Guerra de Todo el Pueblo. Esa que no define o gana el bando con mejores y más abundantes armas, sino el más persistente. El que tiene motivos superiores, lucha por sus ideas, por su Patria, o lo que es lo mismo: por sus padres, esposas o esposos, hijos e hijas, hermanos y hermanas, parientes y amigos. Una guerra donde nadie busca recompensa personal porque allí nada se paga ni consigna en Carta de Marca. Escrito en el cual, como fuera costumbre desde antaño, se congenia cuánto me pagan por esta acción, cuánto recibo si soy herido o how much les llegará a mis deudos si reviento en el intento.

Otros artículos del autor:

Isla de la Juventud Opinión
Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *