“(…) Niños, mis amigos, mis hijos: las letras con que se escribe la poesía son ustedes caminando felices hacia un futuro de hombres verdaderos”.

La fina sensibilidad hacia la infancia plasmada en este fragmento del poema Carta a los pioneros del extinto intelectual cubano Roberto Fernández Retamar nos conduce, con idéntica razón, a la figura del pinero Fabián Fernández Riera que tiene un actuar fecundo y resuelto en pos de promover la educación para los niños pobres.
Nace el 20 de enero de 1882, hace 144 años, en Santa Fe. Está en el umbral de la pubertad cuando apenas puede concluir sus estudios primarios porque fallece su padre y siente que, de pronto, le abandonan las fuerzas.
Sin embargo, se sobrepone al dolor y en un acto de madurez empieza a trabajar para sustentar a la familia, sin dejar de superarse de forma autodidacta, además de dominar y ejercer los oficios de tabaquero y bodeguero.
Desde su primera juventud exhibe rasgos de su personalidad como ser generoso, honesto y solidario que entrañan mucho valor y con los años dan paso al hombre auténtico, benefactor que contra viento y marea crea la primera escuela pública en su ciudad natal, donde se imparten clases desde primero a cuarto grados.
Aquel colegio lo identifican por el Número Dos de Isla de Pinos hasta la muerte de Fabián, después adopta el nombre del revolucionario santafeseño y aunque dos veces cambia de sitio, lo llaman siempre igual.
La primera profesora es María A. Díaz. En 1950, la directora de la institución es Elisa Díaz Torres, además posee siete maestros y el kindergarten con otro maestro y un auxiliar. A su vez, imparten clases de artes marciales.
En febrero de 1901, Fernández Riera funda la Sociedad Popular Pinera, junto al maestro Luis de la Masa Arredondo y su colega Enrique Mateo.
Durante muchos años resulta la principal institución cultural de los pineros, sus representantes asumen posiciones patrióticas, luchan y abogan por la ratificación del Tratado Hay-Quesada, documento con el que se reconoce la soberanía de Cuba sobre Isla de Pinos, derecho que Estados Unidos después de incontables subterfugios finalmente admite el 13 de marzo de 1925.
Fabián incentiva la educación no solo en su poblado, sino también en otros lugares del territorio pinero. Llega a ser el presidente de la Junta de Educación de Isla de Pinos, cargo que ocupa hasta el tres de diciembre de 1913, fecha de su deceso y deja una huella imborrable en el corazón de los lugareños y de los educandos, claustro y trabajadores de la escuela que en la actualidad lleva su nombre en el segundo poblado de importancia de la hoy Isla de la Juventud.
