Emilio Pérez Pérez, guantanamero de nacimiento y pinero por convicción, llegó a la Isla de Pinos en 1973 junto a su hermano Mariano y su padre, integrante de un contingente comunista dedicado a la reconstrucción del territorio.

Su vínculo con el periódico Victoria nació de manera singular en 1979, cuando apenas le quedaban seis meses para concluir sus estudios de poligrafía en la escuela Alfredo López Arencibia, en Guanabacoa. Con solo 17 años, durante unas vacaciones en Nueva Gerona, se detuvo frente a los cristales del antiguo taller del semanario, atraído por los linotipos y por una inmensa rotoplana Ross Press de 1902. La curiosidad lo llevó a conversar con el entonces director, Hugo Vergara, quien lo acogió de inmediato en el colectivo. Así comenzó su vida laboral como linotipista, dando inicio a una historia de superación constante que ya suma 47 años.


Otra experiencia que lo marcó fue la misión internacionalista en Etiopía, donde permaneció dos años. Al regresar en 1985, fue recibido con respeto y cariño: “Nadie ocupó mi plaza, sentí que no había pasado el tiempo”, recuerda. Desde entonces se dedicó a dominar múltiples técnicas: linotipista, cajista, matrizador, reutista y realizador de prensa. Su versatilidad lo convirtió en el hombre capaz de realizar casi la mitad de las labores del taller, ganándose el apodo de “Emilio cincuenta por ciento”.
Su entrega ha sido invariable. Aunque el próximo año le corresponde la jubilación, asegura que seguirá trabajando porque “estoy haciendo lo que me gusta”. Ha sido testigo y protagonista de los tres procesos tecnológicos de impresión del periódico: el sistema plano contra plano con la rotoplana, la rotativa rusa instalada en 1985 con la inauguración del poligráfico Pablo de la Torriente Brau y la primera edición digital del Victoria en 1997, impresa en los talleres del Combinado de Periódicos Granma, en La Habana.
Durante más de tres décadas combinó su labor especializada con la responsabilidad de dirigir la sección sindical del centro, promoviendo una unidad de referencia en el sector. Consciente de su deber, defiende con firmeza que “bajo cualquier circunstancia debe salir el periódico”, como ocurrió en tiempos difíciles, durante la pandemia de la covid 19, cuando la creatividad y el compromiso de los trabajadores garantizaron la puntualidad de cada edición.




Hoy, a las puertas de las seis décadas de fundada nuestra institución, Emilio y el colectivo se reinventan con el proyecto digital Victoria en Síntesis 2026, de 12 páginas bajo la sabia dirección de Gerardo Mayet, consolidando la presencia en redes sociales y el sitio web.
La historia de Emilio es también la historia del periódico: un hombre que multiplicó su fuerza en cada página y que, con su ejemplo, reafirma que el Victoria no es solo un semanario, sino una gran familia que trasciende por sus valores.
(*) Colaboradora
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