
A 50 años del combate de Catofe, en el frente sur de la guerra por la soberanía de Angola, uno de los héroes de la epopeya solidaria, Ofil Blanco Rives, evoca a los caídos y rememora el alcance de la victoria lograda bajo la guía de Fidel
“La misión cumplida hace 50 años fue una de las más importantes en mi vida y la de otros muchos cubanos de mi generación al asumir voluntariamente y con orgullo la tarea asignada por Fidel para ayudar a Angola en un momento decisivo no solo para su independencia, sino también para África y el mundo”, afirma el hoy teniente coronel de la reserva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Ofil Blanco Rives.
En sus reflexiones de los duros combates librados desde el 11 y 12 de diciembre de 1975 frente a los agresores sudafricanos, el entonces jefe de comunicaciones del Grupo de artillería que integraba, rememora que “el Comandante en Jefe nos habló muy claro antes de partir de la difícil y compleja situación por los avances de los invasores del Apartheid por el sur con medios blindados, así como de los militares de Zaire por el norte, intentando frustrar la independencia angolana proclamada un mes antes de los colonialistas portugueses por el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), de los peligros de la travesía por mar y otros riesgos…”.
“Nos alertó incluso de estar preparados para desembarcar en otro lugar, lo que podía suceder, como ocurrió pues el puerto inicialmente previsto fue tomado días antes por el enemigo y nos obligó a entrar por otra parte y hasta vaticinó qué hacer al quedar pocos hombres…:
“Hay que seguir combatiendo -nos dijo-, por lo que el más capaz asume como comandante en jefe de esa fuerza, y aun cuando quede uno solo, él sería su propio comandante en jefe…

“Nos preparamos para las peores circunstancias y recuerdo bien cuando afirmó que no hay estadista que pueda imaginar lo que es capaz de hacer un revolucionario con un fusil en sus manos”.
“Fue más duro al advertirnos que muchos no regresarían con vida, pero no podía detenerse esa misión decisiva ni la lucha hasta la victoria final en cumplimiento de nuestro elemental deber internacionalista con África y la humanidad”.
“Con esa convicción -prosigue- desembarcamos en la capital angolana, Luanda, de donde partimos de inmediato para el combate en el frente sur. La caravana duró dos días, el 11 de diciembre ocupamos posiciones y enfrentamos con firmeza a un enemigo que ya estaba posicionado. Tan encarnizado fueron ese combate en Morro Tongo, en Catofe, Quibala, que varios de nuestro Grupo de morteros 120 mm cayeron, entre ellos los primeros cinco combatientes pineros muertos en esa tierra hermana junto a otros de La Habana, que, al estar en el frente delantero, resistieron los mayores embates.
“Pude ver con vida, ya gravemente heridos, a Orlando Gutiérrez Pérez, de 32 años, político de la tropa, y a Roberto Orestes Moreno, en medio de camiones y el armamento quemados por el impacto por los proyectiles de la artillería enemiga de largo alcance.
“Tan desgarrador fue ese combate del 12 que no aparecieron los cuerpos de Rodolfo Carballosa Gutiérrez, de 23 años de edad, ni de Carlos Reyes Agramonte, más los recordamos siempre como si no hubieran desaparecido. Hoy una escuela en La Demajagua lleva el nombre de Carballosa, al igual que un concurso periodístico, y un colectivo agropecuario ostenta el de Carlos Reyes…
“El soldado del Servicio Militar de las FAR, Ángel Alberto Galañena Llevat, con solo 19 años, era el más joven, pero muy valiente y honra con su nombre hoy a un reparto en La Fe. Similares cualidades poseían los otros cuatro, quienes también honran hoy con su nombre el de nuevas comunidades e instituciones y enriquecen salas de historia…
“Todos eran hombres sencillos e incondicionales, que partieron muy decididos a todo y combatieron como héroes en Morro de Tongo, donde tuvo lugar un sorpresivo ataque sudafricano muy cerca del caserío de Catofe, pero que no pudo tomarse por la enérgica defensa de los cubanos, como reconociera el historiador sudafricano, Max du Preez”, rememora Blanco Rives con dolor y orgullo a la vez.
Así lo narra hoy con casi 80 años, pero como si aún estuviera en combate este hombre nacido el 6 de enero de 1946 en La Fe, de Isla de Pinos, de manos de una comadrona, por proceder de familia humilde de los campos de Maniadero.
Con apenas 14 años se incorpora a las milicias de la naciente Revolución, prepara, participa en movilizaciones durante la Crisis de Octubre y los días de la invasión mercenaria por Playa Girón y alista a las FAR, cuyas filas añora como si no estuviera jubilado.
Hoy habla con naturalidad de los peligros y riesgos vividos tanto en Cuba como en Angola, entre ellos la posibilidad de recibir en este último lugar un golpe nuclear por Sudáfrica, que poseía esa arma letal, “de lo cual supe luego y entendí mejor porque estaban tan dispersas nuestras unidades de combate, evitando la concentración de fuerzas que hicieran mayor el daño de un ataque de este tipo”, reflexiona, pero advierte que, sin embargo, “no hubo tiempo para el miedo, estábamos decididos a no parar la ofensiva, que continuamos después del revés de Catofe, hasta expulsar totalmente a los racistas”.
Como esa novedad de un golpe nuclear todavía se desempolvan acontecimientos y hazañas de una gesta que trasciende el tiempo, selvas y apartados parajes, donde nuestras tropas incluso acondicionaron pistas de aterrizaje sobre el perdigón en la profundidad para consolidarla superioridad aérea sobre el enemigo, hecho que sorprendió al Pentágono.
De esos detalles también me comenta Ofil, quien con ojos humedecidos relata momentos y sitios como Cariango, Santa Comba y otros de la geografía angolana dejados atrás en la ofensiva con que, de hecho, honraron a los caídos.
“Yo le puedo asegurar que el ejército sudafricano, que se jactaba de ser invencible, nos cogió miedo desde aquel 12 de diciembre, porque cuando entramos en dirección a Mussende ellos huían dejando abandonados sus armas y demás medios… Nunca se habían topado con un ejército que le plantara cara y golpeara tan fuerte como hicimos nosotros”.
Le comento a mi entrevistado que, al día siguiente, el 13 de diciembre, eran capturados los primeros cuatro soldados sudafricanos en una emboscada, que además reflejar la desmoralización del ejército agresor, mostraba su descarada presencia contra la soberanía de Angola con apoyo de EE.UU.
“El Comandante en Jefe había enviado refuerzos que posibilitaron un avance indetenible, pero sin dejar de alertar en sus llamadas desde Cuba, cuidar bien a los hombres, su mayor preocupación”, prosigue quien partiera a Angola con 29 años y el grado militar de primer teniente.
“Gracias a Fidel liberamos los mencionados poblados y muchos otros…”. enfatiza quien fuera fundador de la Asociación de Combatiente de la Revolución Cubana cuando nació en 1993, y agraga: “Y así lo veo hoy, acompañándonos en la ofensiva que prosigue en la Patria frente a un imperio que no olvida el golpe propinado en la lejana tierra africana, cuya zona sur por fin logró la paz que trataron de impedir EE.UU. y sus aliados, pero que hoy preservan los pueblos de la región”.
“Así está Fidel y seguirá, guiando a las generaciones mayores y nuevas, convencidos de que tendremos el desarrollo y el futuro que seamos capaces de conquistar con nuestros propios esfuerzos”, subraya este hombre campechano crecido en la lucha y convencido de la victoria segura.

