
La conmemoración de este 20 de octubre, Día de la Cultura Nacional, coincide con el año del centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, por lo que es de esperar que nuestros medios de comunicación realicen sendos reportajes sobre los pronunciamientos del gran líder en torno a dicha fecha y su importancia en la historia de la nación cubana. Probablemente se retransmitan fragmentos de sus discursos, entre ellos el pronunciado el 10 de octubre de 1968, históricamente conocido como el de los Cien Años de Lucha. En aquella oportunidad, Fidel destacó la continuidad de las ideas emancipadoras mambisas en el actual proceso revolucionario. Fue el momento en que señaló que hoy somos iguales a los iniciadores de la guerra por la independencia nacional y que ellos serían como nosotros. Para él, hubo una sola revolución, en tanto persisten los mismos ideales patrióticos e independentistas, junto a los del antimperialismo y los inherentes a la construcción de la nueva sociedad socialista. De esta forma, Fidel retaba a la contemporaneidad cubana a ser fiel a los pensamientos fundacionales de un proceso que se mantiene en el tiempo con nuevos retos libertadores.
Debe tenerse siempre en cuenta que la continuidad como concepto no implica el desconocimiento de las particularidades de un largo proceso de desarrollo continuo, con sus avances y retrocesos; por el contrario, cada período de nuestra historia nacional es poseedor de un conjunto de ideas y aconteceres que lo definen como una unidad en sí misma, portadora de contradicciones, avances y sentido de vivir.
El Día de la Cultura no es una efeméride más. Es aquel en que se entonó, por primera vez, nuestro himno nacional, de guerra y combate contra el ostracismo colonial. Fue el día en que se decidió la suerte de un país construido sobre las ideas de muchos que decidieron despojarse de sus bienes materiales para hacer la verdadera patria de todos los cubanos. No es una fecha solo para recordar a determinados héroes, al que proclamó la independencia o al que ideó las notas del himno de guerra, sino también a un ejército integrado por hombres y mujeres de diferentes estratos sociales decididos a vencer al colonialismo español al precio de sus propias vidas. Fue el amanecer de una nueva era.
Fidel habló en aquel momento sobre la preservación de la cultura como un baluarte nacional. Evidentemente, la relacionó con el himno entonado por las voces que deseaban cambiar el estatus colonial de Cuba por una república culta e independiente. Probablemente pensó que la cultura no es un día, sino todos los días que deben dedicarse a la preservación de la memoria mediante la acción creadora, altamente dotada de esperanzas. Valoró la historia como la cultura que nace del sentido de pertenencia, que brotó en la Demajagua y se desarrolló durante más de treinta años de combate anticolonial. Creyó firmemente en la capacidad del pueblo para vencer construyendo su destino y no solo resistiendo los ataques imperialistas y los propósitos anexionistas.
El Día de la Cultura es algo más que entonar el himno de los bayameses, devenido en el de todos los cubanos. Es analizar, desde la sociedad profunda, qué nos queda de los colonialismos culturales en nuestra forma de vivir, de sentir y de actuar en los tiempos de las grandes confrontaciones contra el enemigo mayor, el que desde el norte pretende destruir nuestra identidad cultural. Es entender, con actitudes concretas, que la modernidad implica la erradicación de las mentalidades y conductas colonizadas, obsoletas y retardatarias del progreso social. Es concientizar la real dimensión de quienes han sabido entonar el himno eterno de los cubanos fieles a su historia, concretando sus ideales.
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